Manuel Tolsá1

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Manuel Tolsá y Sarrión, nació en Enguera, Valencia, el 4 de mayo de 1757. Fue un conocido arquitecto y escultor español, activo en la Nueva España (hoy México) entre 1791 y 1825, en donde fungió como Director de Escultura de la Academia de San Carlos.

Estudió en Valencia en la Real Academia de Bellas Artes de San Carlos y en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando en Madrid. Fue discípulo de Ribelles, Gascó y Gilabert en arquitectura. Fue escultor de la cámara del rey, ministro de la Junta de Comercio, Moneda y Minas y académico en San Fernando. Llegó a la Nueva España en 1791 con libros, instrumentos de trabajo y copias de esculturas clásicas del Museo Vaticano. Contrajo nupcias con María Luisa de Sanz Téllez Girón y Espinosa en el puerto de Veracruz.

A su llegada el ayuntamiento le encargó la supervisión de las obras de drenaje y abastecimiento de aguas de la Ciudad de México y la reforestación de la Alameda Central. Por estos servicios no recibió compensación alguna. Luego se dedicó a las distintas obras artísticas y civiles por las cuales se recuerda. Además, fabricó muebles, fundió cañones, abrió una casa de baños y una fábrica de coches e instaló un horno de cerámica. Murió a causa de una úlcera gástrica, en Las Lagunas, Oaxaca, el 25 de diciembre de 1816. Fue inhumado en el panteón del templo de Oaxaca.

Obras de Manuel Tolsá en México

  • Conclusión de las obras de la Catedral Metropolitana de la Ciudad de México.
  • Palacio de Minería.
  • Estatua ecuestre de Carlos IV "El Caballito".
  • Antiguo palacio de Buenavista (hoy Museo Nacional de San Carlos).
  • Palacio del marqués del Apartado. Frente al templo mayor.
  • Altar principal de la Catedral de Puebla
  • Altar principal de la iglesia de Santo Domingo.
  • Altar principal de la iglesia de La Profesa.
  • Altar de la Purísima Concepción en la iglesia de La Profesa.
  • Busto de Hernán Cortés en el Hospital de Jesús.
  • Cristos de bronce que se encuentran en la Catedral de Morelia.
  • Proyección de la cuarta etapa (neoclásica) de la iglesia de Loreto.
  • Planos del Hospicio Cabañas en Guadalajara.
  • Celda de la Marquesa de Selva Nevada en el Ex convento de Regina Porta Coeli. Hoy propiedad de la Universidad del Claustro de Sor Juana.

Tolsá tiene a manera de sello, la colocación de balaustradas en el remate de los edificios en que trabajó.

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La Catedral de México y Tolsá1

Salvador de la Fuente Pinancelly, Manuel Tolsá, CONACULTA, 2002, México, págs. 19-23.

Asiento y cátedra del obispo, la Catedral es uno de los edificios más importantes en términos sociológicos puesto que representa la autoridad religiosa en la Nueva España, y una de las razones principales para justificar la conquista del país. Por otra parte, muestra la riqueza temporal del clero durante toda la época colonial.

La primitiva Catedral estuvo en el ángulo suroeste del actual atrio. Era pequeña, sencilla, con estructura de madera. Cortés puso la primera piedra. Pero la actual Catedral es obra de los siglos XVII y XVIII, principalmente, aunque también del XIV. Todos los estilos de la Colonia se reflejan en esta obra. Infinidad de arquitectos, importantes y mediocres, intervinieron en sus obras  (con el incendio de enero de 1967, esta intervención se ha prolongado). Unos abogaron por la restauración contemporánea –modificando algunos elementos- y otros querían la restitución idéntica del coro, sillería y partes dañadas. Esto último fue lo que se hizo.

La Catedral es enorme: posee más de 100 metros de longitud y 60 de ancho, las torres alcanzan la altura de 64 metros. Tiene cinco naves: las dos laterales, con altares adosados, en que se celebra misa, y las dos procesionales, alrededor de la central, cerrada por el enorme coro, con altar en el transepto que estuviera cubierto por el ciprés barroco churrigueresco de Gerónimo de Balbás, ya destruido, y posteriormente del ciprés neoclásico del arquitecto Lorenzo de la Hidalga, de magnífica factura, a pesar de lo que diga la crítica, también destruido, sin ningún aspaviento del clero e historiadores.

El arquitecto veracruzano Damián Ortiz de Castro era el maestro mayor de las obras a la llegada de Tolsá a México. Había terminado este arquitecto las originalísimas y bien proporcionadas torres, el tambor de la cúpula y diversas obras interiores.

Al morir Ortiz de Castro hereda título y cargo don Manuel Tolsá en 1793, es decir, tres años después de su arribo a México. Hecho que confirma la importancia en ese tiempo de ser español peninsular, independientemente de los merecimientos de nuestro artista.

Tolsá recibe la Catedral en su última etapa de construcción, y la remata espléndidamente. Da a la obra “un aspecto de algo concluido, íntegro”, dice Manuel Toussaint.

El arquitecto valenciano, con gran talento, se da cuenta del estado de la obra, su diversidad de estilos y del problema, relativamente ingrato, de intervenir en algo casi finiquitado. Pero demuestra aquí su enorme poder de observación y su comprensión espacial, puesto que el cuerpo es macizo, y sería pesado si no fuera por la gran anchura de la iglesia. Por otra parte, las enormes torres casi se “comen” el conjunto. Había pues, que subrayar la entrada, máxime que la obra es simétrica en sus formas.

Sobre la fachada principal coloca un enorme volumen para que alcance la altura del arranque de las torres, y con ello consigue dar unidad a la fachada principal hacia el Zócalo, así como quitarle rigidez al coronarla con tres esculturas de gran tamaño y perfecta proporción con el conjunto, dada la gran altura del reloj, luego de calcular los puntos desde donde se miran. Esto es barroco puro.

Además, unifica fachadas, torres y contrafuertes mediante el tema armónico unificador de las balaustradas, que se repite a lo alto, largo y ancho de toda la Catedral. Los contrafuertes tienen unas ménsulas invertidas que ligan la parte baja y media de la Catedral. En las torres sigue repitiendo su tema espacial: las balaustradas y muretes que sostienen los florones; para insistir más aún en la importancia de la balaustrada, pero también subrayar la estructura sustentante.

Estos florones demuestran su respeto por la estructura anterior, y no como se ha querido ver, algo ostentoso o simplemente ornamental; lo positivo es que subraya el ritmo estructural y da relevancia a las balaustradas, que sirven –como todo mundo reconoce– para otorgar unidad al conjunto en que habían intervenido muchos arquitectos durante doscientos años de obra.

La cúpula será su gran remate, puesto que al elevar el volumen del reloj quedaba escondida y se ocultaba u oscurecía la claridad del partido: una planta de cruz latina en forma de T, es decir como la cruz cristiana, que tiene un brazo mayor que el que lo cruza.

El tambor y cúpula proyectados por Damián Ortiz de Castro eran correctos, pero con el aumento del reloj advierte Tolsá que es menester dar a la cúpula mayor relevancia: le adosa en piedra medias pilastras y encuadra las ventanas con columnas jónicas que remata con frontones muy resaltados. Con esto consigue dar amplitud a la cúpula, que vista de lejos parece una corona magnífica del templo.

Quisiéramos agregar que los vitrales recientes de escultor Mathias Goeritz en las ventanas de la Catedral son excelentes, en color y forma, y quizá debieran continuarse en la linternilla.

Las esculturas del reloj son obras de Manuel Tolsá, perfectamente proporcionadas a la arquitectura y de muy buen factura barroquizante.

En toda la obra campea el barroquismo de Tolsá; avances y retrocesos del espacio, sea frontones y columnas de la cúpula; sea su ornamentación: la repetición gustosa de florones y tableros se enriquece con esculturas de bulto y motivos florales.

1 Salvador de la Fuente Pinancelly, Manuel Tolsá, CONACULTA, 2002, México, págs. 19-23.


Manuel Toussaint1

Reseña tomada de Artemio de Valle-Arizpe, La muy noble y leal Ciudad de México, Lectorum, México, 2004, p. 143 y 144.

Nació en Puebla el día 29 de mayo de 1890. Cuando acababa de doblar el cabo, azul y oro, de la buena esperanza que son los 30 años, era ya docto en varias disciplinas; tuvo desde entonces una vaga, una indefinible tristeza. Sus alegrías estaban como envueltas en bruma, leve bruma de atardecer.

MANUEL TOUSSAINT es caballero de buenas y escogidas prendas; reposado, tranquilo y en todo extendía su suavidad. Prefirió más la exactitud que las líneas quebradas o tortuosas; fue amigo de lo claro y sencillo, de la riqueza sobria. Era un espíritu neoclásico. Pero aunque asentado y de juicio, poseía un entendimiento inquieto y bullidor y así tiene una emoción onda ante las cosas, embebió en ellas el corazón y las describió después con idealidad, con delicado amor.

De gran actividad intelectual no se dio a holgones reposos, sino que siempre anduvo atareado entre manuscritos y libros y revolviendo ideas; y a diario estaba con la pluma sobre el papel componiendo ya ensayos, o cuentos, o bien graves estudios de historia; y así es como por el ejercicio se acicaló pulidamente el ingenio y llegó a ser uno de nuestros escritores de vanguardia. Supo meter su inquietud entre el polvo y las polillas de mamotretos e infolios de donde iba sacando con exquisito tino cosas amables y bellas. En sus manos el documento pierde su frialdad curialesca y lo vuelve ameno.

Se dio durante años a la generosa tarea de ir por esos pueblos de Dios, desviados de todo trato y comercio con las grandes ciudades, y que tienen tan bellos nombres como si pertenecieran a la geografía espiritual de un escritor artista; pueblos que parece que están fuera del tiempo, en los que la vida se quedó detenida, como llena de estupor, en medio de las luces del siglo, viendo solamente hacia el pasado con larga mirada habladora de nostalgias. Y después de esas andanzas, cuenta en una prosa limpia y flexible, de las iglesias abandonadas, de los santuarios ilustres, de las grandes casonas coloniales, de los conventos en que vivieron humildes siervos de Dios y altos varones, de las ermitas, humilladeros y reposorios, de las pinturas viejas que ya metieron sus colores en la transparente oscuridad de las pátinas, de las grandes telas eclesiásticas chafadas y olorosas a siglos: Taxco, Oaxaca y Paseos Coloniales, son de sus bellos, de esos amenos libros de andar y ver.

Cabe destacar que Toussaint en 1934 fundó el Laboratorio de Arte de la UNAM, después llamado Instituto de Investigaciones Estéticas (IIE). Es autor de un magnífico y enorme tomo en gran folio, preciosamente ilustrado, que contiene la historia entera de nuestra magna Catedral, desde que se puso su primera piedra fundamental hasta que Tolsá le dio fin, con todos sus adornos y el esplendor de sus numerosas riquezas. Fruto de sus fecundas correrías por tierras Europa, es otro volumen, Viajes alucinados, de valía por lo muy ameno que encierran entre sus páginas. Escribió con mucho saber, la historia de la pintura en México, precioso libro con bella información gráfica. En ella se desentrañan una infinidad de problemas que habían permanecido insolubles hasta que Manuel Toussaint les puso mano con gran erudición y talento. Murió en New York el 23 de noviembre de 1955. Su cadáver fue traído a México.

1 Reseña tomada de Artemio de Valle-Arizpe, La muy noble y leal Ciudad de México, Lectorum, México, 2004, p. 143 y 144.Reseña tomada de Artemio de Valle-Arizpe, La muy noble y leal Ciudad de México, Lectorum, México, 2004, p. 143 y 144.