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La Vida Litúrgica

Inicia la V semana de Cuaresma con indicaciones particulares: En el domingo se celebra el tercer escrutinio preparatorio para el Bautismo de los catecúmenos que van a ser admitidos a los sacramentos de la Iniciación Cristiana en la Vigilia Pascual. Las ferias de la V semana de Cuaresma –antigua semana de Pasión, en el Misal y en el Breviario de san Pío V– tienen unas pequeñas características propias: sin dejar de ser Tiempo de Cuaresma, ya toman algo de color propio de la próxima Semana Santa y con ello inauguran, en cierta manera, la preparación del Sagrado Triduo Pascual, llevándonos a la contemplación de la gloria de la Cruz de Jesucristo. Es conveniente, pues, subrayar este carácter. En la Misa, se dice todos los días el prefacio I de la Pasión del Señor. En la Liturgia de las Horas, se pueden sustituir en el Oficio de lectura, Laudes y Vísperas (o, por lo menos, en una de estas Horas) los himnos penitenciales de Cuaresma por los himnos de Semana Santa, que cantan la gloria de la Cruz del Señor. Durante esta semana, para subrayar la gloria de la Cruz del Señor, es conveniente, en la Misa, variar las invocaciones del acto penitencial (3a. fórmula) y de la oración universal. En las celebraciones comunitarias de la Liturgia de las Horas, conviene escoger como himno de Laudes y de Vísperas algún canto a la Cruz o a la Pasión.

En este informativo aparecen las noticias referentes a la Semana Santa, al Sagrado Triduo Pascual y el inicio de la Cincuentena Pascual. Conviene, por lo tanto detenernos en esta consideración: “El Sagrado Triduo Pascual comprende los tres días de la muerte, sepultura y resurrección del Señor; estos días tienen una importancia extraordinaria en la vida cristiana de los fieles y han de vivirse como ‘el punto culminante de todo el año litúrgico’”.

Actividades en la Catedral

Domingo 2 de abril: V Domingo de Cuaresma

El Sr. Cardenal Don Norberto Rivera C. presidió la eucaristía con la participación de algunos Canónigos. En la homilía retomó la trayectoria de caminar cuaresmal refiriéndose a él en estos términos: “El camino hacia la pascua que recorremos año con año en la cuaresma ha sido, particularmente a través de los últimos tres domingos, incluyéndose éste, un camino bautismal a través de la escucha y consideración de los textos del Evangelio de San Juan. Recordemos que en el tercer domingo de esta cuaresma escuchamos el pasaje del encuentro de Jesús con la mujer samaritana –el agua viva que sacia toda sed-; en el cuarto, el pasaje de la curación del ciego de nacimiento –la luz que ilumina y hace ver desde la fe- y en el domingo de hoy –quinto y último domingo del tiempo cuaresmal- la resurrección de Lázaro que es una señal anticipada de la única y verdadera resurrección que es la de Cristo mismo. […] Nuevamente el prefacio de esta misa dominical nos da el resumen del mensaje central de las lecturas que hemos escuchado: ‘Cristo, Nuestro Señor, como verdadero hombre lloró la muerte de su amigo Lázaro y como verdadero Dios, lo hizo salir vivo del sepulcro, se ha compadecido de todos los hombres y por medio de sus sacramentos, nos hace pasar de la muerte a la vida’”.

Nos acompañaron en la celebración monaguillos de la parroquia de la Natividad de María Santísima “Regina Cœli”. Agradecemos al Padre Horacio Palacios el apoyo brindado para acompañar al Sr. Arzobispo.

Viernes 7 de abril: Viernes de Dolores y Jornada del Perdón

Desde hacía algunas semanas se hizo la invitación desde el correo de la IV Vicaría, el grupo de redes sociales del primer decantado y el periódico “Desde la Fe”. Contamos con la valiosa colaboración en las confesiones del Sr. Arzobispo, de 33 sacerdotes visitantes, 7 Canónigos, el P. Victoriano Martínez como capellán de coro y el P. Felipe Galicia. Queda por determinar con precisión el números de los fieles que asistieron a celebrar el sacramento de la reconciliación pues el contador de personas no fue manejado adecuadamente, pero de los folletos que se entregaron se puede decir que se entregaron casi 2,100 a fieles que vinieron a confesarse. Fue una bella experiencia ya que empieza a hacerse una tradición que la gente viene para Adviento y Cuaresma a confesarse. El ritmo, el ambiente, la disponibilidad de los sacerdotes y de los fieles hacen una extraordinaria amalgama de “misericordia”. A lo largo del día se distribuyó agua a los confesores y en el salón de usos múltiples se dispuso un área de refrigerio que sirvió para dar algo de comer o de beber a los padres que nos apoyaron.

Semana Santa 

Inicia la así llamada “Semana Mayor”. La Iglesia se detiene a contemplar y a celebrar los misterios de nuestra fe desde la “Pascua de Cristo”.

La Santa Iglesia Catedral Metropolitana de México, como la Iglesia madre de todas las iglesias juega un papel muy importante ya que, no siendo una parroquia o una iglesia más, recibe a los fieles que unidos al Sucesor de los Apóstoles actualiza de modo peculiar el Misterio pascual. En ella se bendicen los óleos y se consagra el Santo Crisma, en ella los sacerdotes renuevan sus promesas sacerdotales.

Domingo 9 de abril: Domingo de Ramos 

El Domingo de Ramos, fundamentalmente es un domingo como todos los demás, celebra el hecho de la Resurrección del Señor, su victoria. Pero sus características más propias nos pueden ayudar a descubrir el sentido que tiene siempre el domingo. En particular la procesión es como una aclamación ante la victoria del Señor, que celebramos cada domingo; la narración de la Pasión subraya el aspecto de que la victoria de Cristo se obtiene a través del sufrimiento. Las palmas y los ramos –signos populares de victoria– manifiestan que la muerte en la cruz es camino de victoria, y victoria ella misma, por cuanto esta muerte destruyó la muerte. La liturgia de este día fue presidida por S.E.R. Card. Norberto Rivera C. quien, acompañado del Cabildo, sacerdotes acompañantes y algunos alumnos del Seminario Conciliar de México, se dirigió al atrio para iniciar los ritos de la Procesión Solemne de Ramos. Una vez bendecidos los ramos y leído el Evangelio se realizó la Procesión hacia el altar mayor pasando por la nave oriente para entrar a la crujía. La Catedral lucía repleta de fieles.

En la homilía, después de la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo según San Mateo, el Sr. Cardenal abordó el tema de la aclamación hecha a Cristo por parte de los niños y de todos los presentes en ese momento de su entrada a Jerusalén y dijo: “Pareciera contradictoria esta celebración en que estamos ahora participando. Hemos comenzado con palmas y ramos de olivos recibiendo a Cristo Jesús y acabamos de escuchar un grito desgarrador: ¡crucifícalo! ¡crucifícalo! Llevando a Jesús a la Cruz, llevándolo a la sepultura. Pero no, nuestra celebración tiene un sentido: esta ‘pasión’ que acabamos de escuchar, esta tragedia que se nos ha narrado, tiene un sentido y una importancia suprema para todos nosotros, porque todos nosotros, tarde o temprano, nos encontramos con el dolor, el sufrimiento, la desesperación y necesitamos no una teoría, no un concepto, sino necesitamos a alguien que nos lleve de la mano para enfrentarnos a esa situación de dolor y de sufrimiento. […] Los Evangelios así nacen: narrando la pasión y la resurrección de Jesús, es el núcleo central y primero de la Buena Nueva, todo lo demás viene después como introducción, los dichos y prodigios de Jesús, las narraciones de la infancia, etc. Nos encontramos ante el núcleo más importante del evangelio, la pasión de Jesús, y esta pasión nos descubrirá el amor más grande que jamás hayamos experimentado, será el amor grande que nos llevará a enfrentar esas situaciones tan dolorosas por las cuales a veces atravesamos o siempre tendremos que atravesar”.

Jueves 13 de abril: Misa Crismal

La celebración de este día fue precedida con el rezo de laudes que inició a las 8:15. Un buen número de Canónigos estuvo presente; asistieron los padres capellanes de coro, algunos seminaristas y la escolanía con algunos cantores de apoyo. Al concluir la celebración de laudes nos dispusimos para iniciar la Misal Crismal en punto de las 9:00.

En la celebración nos honró con su presencia el Sr. Nuncio Apostólico S. E. Mons. Franco Coppola; contamos con la presencia de 9 obispos, los Vicarios Episcopales, el Venerable Cabildo de Guadalupe, los formadores del Seminario Conciliar de México y unos 700 presbíteros concelebrantes.

El Sr. Arzobispo dijo en la homilía: “Damos gracias a Dios nuestro Padre y a Jesucristo el Señor que, bajo la moción del Espíritu Santo, nos concede reunirnos en esta grandiosa Catedral -Iglesia madre de la Arquidiócesis de México-, para celebrar al Ungido, es decir a Cristo, quien en el Bautismo nos ha fortalecido con el óleo santo y nos ha consagrado con el crisma perfumado para que podamos difundir el suave aroma de Cristo.

Estamos reunidos aquí, en esta santa iglesia, los fieles laicos con sus pastores, los presbíteros con su obispo, y el obispo en comunión con el Santo Padre dignamente representado por su Excelencia Mons. Franco Coppola, y con el colegio episcopal, haciendo presente en nuestra Iglesia particular el misterio de la Iglesia Universal, nuevo pueblo de Dios, a quien Cristo Nuestro Señor ha redimido y rescatado con su preciosa sangre: ‘sangre de la alianza nueva y eterna derramada por ustedes y por muchos para el perdón de los pecados’. Y nosotros, que somos partícipes de su único sacerdocio, hacemos actual el Santo Sacrificio de la Cruz obedeciendo a sus palabras: ‘Hagan esto en conmemoración mía’.

Hemos escuchado en el libro del Apocalipsis que Jesús dice de sí mismo: ‘Yo soy el Alfa y el Omega, el que es, el que era y el que ha de venir, el Todopoderoso’ (Ap 1,8). Estas palabras contundentes del Señor deben ser la roca firme en la que sentamos nuestra esperanza: Él es el principio; sin Él, nada de lo que existe fue creado; Él también es el Omega, es decir, el fin, pero el fin del Verbo de Dios es la eternidad, lo que ya no tiene final.. Él es el Viviente, el que actúa ahora, el mismo que ya existía antes de que el mundo fuera, y el que ha de venir a someter todas las cosas bajo sus pies.

¿Por qué, pues, los cristianos vivimos con miedo? ¿Por qué de pronto nos parece que la batalla final la va ganando el Príncipe de este mundo? Me pueden decir: es que frente a nosotros está la evidencia: es innegable el egoísmo de quienes viven en una insultante opulencia a costa de la miseria de millones de pobres que carecen hasta de lo más elemental; el caballo apocalíptico de la violencia, que ocasiona en nuestro país estragos espantosos: muertes atroces que ya vemos como cotidianas y no nos conmueven, personas descuartizadas, fosas clandestinas, desaparecidos, secuestros, feminicidios; tantos periodistas asesinados cobardemente, crímenes arteros cometidos incluso contra nuestros hermanos sacerdotes, muchos de ellos ultimados por ser fieles a su ministerio, otros secuestrados y extorsionados; tal pareciera que ha desaparecido toda consideración y respeto por la dignidad humana, por el hombre y la mujer creados a la imagen de Dios, redimidos con la sangre de Cristo y por lo mismo intocables en su dignidad. Sabemos que muchos de estos males tienen su origen el pecado de la corrupción, esa avaricia que en México es ya insoportable y desmedida. Es un pecado grave porque el dinero robado no es del gobierno, sino de los pobres, de los más necesitados, a quienes a causa de este despojo inmoral, no llegan los servicios indispensables de alimentación y salud. Habrá que recordar a los ladrones que el robo es y será siempre un pecado, y que no es posible perdonarlo si no devuelven los bienes mal habidos.

Y ¿qué decir de la más cruel de las violencias: el asesinato de miles de niños en el seno de sus madres, el drama de estos inocentes que son desechados como una amenaza y cuya aniquilación ahora es vista, no como lo que es: un delito, sino como un derecho? La Iglesia, sin embargo, debe brindar el bálsamo de la misericordia divina a las mujeres que toman conciencia de la gravedad de su pecado y se acercan buscando el sacramento de la reconciliación.

A toda esta decadencia moral y humana, ahora se agrega un nuevo pecado al que el Papa emérito Benedicto XVI llamó “el pecado de la rebeldía de la criatura contra su Creador”. Una perversión que se le conoce como “ideología de género”, que niega un principio de fe fundamental, e incluso una verdad biológica: “Y Dios los creó hombre y mujer, hombre y mujer los creó” (Gn 1:27). La sexualidad nos viene dada como un don, no es una construcción social o mental por la que podamos hacer una elección caprichosa o patológica. Hoy se pretende enmendar la plana a Dios, es tanto como decir: tu creación no está bien, y yo la voy a corregir, yo te voy a enseñar lo que es bueno y malo, porque yo soy conocedor del bien y del mal, es la pretensión diabólica de pretender usurpar el lugar de Dios y corregir su creación. Nosotros, pastores del Pueblo de Dios, no podemos ser como dice Isaías: ‘perros mudos, que ven el peligro y no lo advierten’ (Is 56:10), que observan cómo el mal y su ideología satánica empieza a contaminar a las familias, y sobre todo a los niños y jóvenes, y no dicen nada, no previenen la catástrofe; o algo peor, se empiezan a contaminar con estas ideas viéndolas como progreso, incluso como derechos humanos, y simpatizan con ellas. ¡Cuidado con la corrupción de nuestra conciencia y la de quienes nos han sido confiados! Atentos a la perversión, que no es otra cosa sino aquello que dice el profeta Isaías: ‘Ay de los que llaman mal al bien y bien al mal’ (Is 5:20).

Qué actuales y proféticas nos resultan hoy las palabras del cardenal Newman: ‘Bien hacen los profetas en exclamar: ¿Señor, cuándo llegarán a su término estas cosas asombrosas? ¿Cuánto ha de durar este misterio? ¿Por cuánto tiempo este mundo que agoniza será sostenido por las luces débiles que se esfuerzan por sobrevivir en su atmósfera malsana? Sólo Dios sabe el día y la hora en que se cumplirá lo que ha de acontecer. Mientras tanto, nos consuela contemplar lo que ha sucedido en el pasado, para que no desesperemos ni nos desalentemos ni nos angustiemos por los problemas que nos rodean. Siempre ha habido problemas y siempre habrá problemas; son nuestra heredad.

Levantan los ríos su voz, levantan los ríos su fragor, pero más que la voz de aguas caudalosas, más potente que el oleaje del mar, más potente en el cielo es el Señor. (John Henrry Newman, Conferencias sobre el oficio profético De la Iglesia, Conf, 14)

Cristo es el es el Alfa y el Omega, el principio y el fin, y nosotros, sus sacerdotes, debemos tener plena confianza en su victoria final. Queridos sacerdotes: fortalezcan a su pueblo con esta esperanza, no desfallezcan ni cedan al desánimo, no claudiquen ante el avance del mal y el triunfo de los malvados; anuncien y defiendan en todas partes la verdad del Evangelio.

En este día tan entrañable para nosotros los sacerdotes, yo les quiero agradecer su empeño pastoral; el ministerio episcopal que el buen Pastor ha encomendado a mis débiles fuerzas, no sería posible sin la ayuda generosa y abnegada de todos ustedes, sería imposible sin su oración, afecto y comprensión. Gracias por servir al Pueblo de Dios, por hacer presente el suave aroma de Cristo en sus comunidades, por dar la vida de Dios en los sacramentos, especialmente en la Eucaristía, sin la que los cristianos no podemos vivir. Han sido muchos años que hemos caminado juntos, y doy gracias a Dios por este presbiterio tan valioso y generoso, con el que me ha tocado ser pastor de esta amada Arquidiócesis de México. Gracias por la comprensión a mi persona y por la benevolencia con mis límites.

También quiero dar gracias de corazón a los fieles laicos, especialmente a este pueblo que, pese a nuestras debilidades y miserias, ama tanto a sus sacerdotes, rezan por nosotros, nos procuran y nos cuidan; a veces pareciera que los papeles se invierten y son ellos quienes actúan como pastores con nosotros, y se preocupan y nos cuidan. Dios les pague su amor, su comprensión y su bondad.

Deseo a todos ustedes que la vivencia de esta Semana Santa los renueve y los haga resucitar con Cristo, que la celebración de los santos misterios fortalezca su vida cristiana para que puedan proclamar con viva fe: ¡Cristo vive, Cristo reina, Cristo impera! Amén”.

Jueves 13 de abril: Misa “In Cœna Domini” 

La solemne liturgia de la Cena del Señor fue presidida por S.E.R. Card. Norberto Rivera C. y con celebraron varios canónigos, algunos formadores del Seminario Conciliar de México y el P. J- Guillermo Fernández. El Curso Introductorio participó como cada año ya que 12 alumnos del Curso son los “apóstoles” a quienes el Arzobispo lava los pies.

En la homilía el Sr. Arzobispo dijo: “Hoy Jueves Santo, al escuchar las prescripciones del Éxodo escuchábamos: ‘Comerán así..., porque es la Pascua’. Jesús se nos ha presentado celebrando la última cena con sus discípulos, la Cena Pascual. Para no quedarnos en la superficie de los ritos, nosotros, sin duda alguna, nos estamos preguntando: ¿qué significó para los hebreos celebrar la Pascua? Para Cristo ¿qué significado tuvo la Pascua? Para nosotros ¿qué significado tiene celebrar esta tarde la Cena Pascual? […] Para Cristo la Pascua también fue un rito que celebró con sus padres y después con sus discípulos. El significado de ese rito tradicional también cambió para Jesús en la última Pascua que celebró. En esta Pascua la figura se convirtió en realidad, la espera de siglos tuvo su cumplimiento, San Pablo nos lo ha descrito en la segunda lectura: ‘La noche en que iba a ser entregado, tomó pan en sus manos, y pronunciando la acción de gracias, lo partió y dijo: Esto es mi cuerpo, que se entrega por ustedes, este cáliz es la nueva alianza que se sella con mi sangre. Hagan esto en memoria mía’. De aquí en adelante la cena pascual se celebrará con el Cordero inmaculado que es Cristo Jesús presente en la Eucaristía. Es el rito antiguo con un nuevo significado: es el éxodo de la humanidad de la esclavitud del pecado hacia el perdón y la nueva alianza. Jesús celebró la Pascua no solamente con un rito sino con su ‘paso de este mundo al Padre’, un paso de la muerte a la vida. La Pascua se realizó a través del sufrimiento y del dolor, a través de la Cruz”.

Viernes 14 de abril: Via Crucis y Sermón de las 7 Palabras

Como es costumbre el Viernes Santo en la Catedral se tiene el recorrido del “Via Crucis” y al terminar se lleva a cabo el “Sermón de las Siete Palabras”.

Este año el M. I. Sr. Cango. Dr. Julián A. López A. diseñó un recorrido del camino de la Cruz diferente, es decir, mientras algunos canónigos (PP. Francisco y Ricardo), el P. Victoriano, los ministrantes, al unos miembros de la escuela de pastoral y el pueblo de acompañaba a la Cruz, el coro ejecutaba el “Via Crucis” de Franz Liszt. Fue una auténtica meditación sobre el camino de Cristo a su muerte. El diseño de las meditaciones hechas por el Canónigo Teólogo fue un verdadero momento contemplativo muestra de “creatividad pastoral”.

Al concluir dimos un espacio de tiempo para la reflexión y disponernos para el Sermón de las siete palabras que también preparó el Canónigo Teólogo. Entre cada una de las palabras el coro ejecutaba con maestría las siete palabras de H. Berlioz. La participación de la comunidad fue sorprendente en todo este tiempo en que la oración, la meditación, el silencio enmarcaron tan bellas bellas reflexiones preparadas con esmero, meditación y cariño.

Viernes 14 de abril: Adoración de la Santa Cruz 

Al llegar a la tarde tuvimos la celebración de la Adoración de la Santa Cruz que dio inicio a las 3:00 p.m. En esta celebración varios miembros del Venerable Cabildo estuvieron presentes. Al mismo tiempo los padres formadores del Curso Introductorio con los seminaristas participaron en esta solemne y sencilla liturgia. Muchos fieles participaron con devoción y en un extraordinario clima de recogimiento.

En la homilía el Sr. Cardenal dijo: “Esta tarde recibiremos una invitación: ‘Miren el árbol de la cruz donde estuvo clavado Cristo, el Salvador del mundo’. La cruz será siempre el signo del tormento, del dolor y de los sufrimientos de Cristo; la cruz siempre deberá despertar en nosotros sentimientos de arrepentimiento y de compasión; desde la cruz siempre debemos escuchar al Crucificado que nos dice a nosotros los pecadores: ‘Pueblo mío, ¿qué mal te he causado, o en qué cosa te he ofendido? Respóndeme’. Sin embargo, cuando el misterio de la cruz es reflexionado a la luz de la antigua tradición cristiana, no podemos detenernos solamente en el dolor y en la compasión. Para las primeras generaciones cristianas, la cruz no era sólo ‘el leño de la cruz donde estuvo clavado Cristo", sino: "el leño sobre el cual Cristo reinó’. San Pablo así escribió a los primeros cristianos: ‘En cuanto a mí, ¡Dios me libre de gloriarme si no es en la cruz de nuestro Señor Jesucristo!’ De aquí la Iglesia ha recogido la convicción de presentar la cruz gloriosa y esto lo ha traducido de muchas maneras en la liturgia, en la teología y en el arte. San Agustín decía: ‘Observa la gloria de la cruz’; esta tarde cantaremos: ‘Árbol noble, espléndido, ningún árbol fue tan rico, ni en sus frutos ni en su flor’; la cruz la vemos glorificada en metales preciosos y con piedras preciosas o la cruz florida en nuestra tradición mexicana. Los antiguos crucifijos no expresaban angustia o tragedia, sino calma, majestad y triunfo. El señorío de Cristo se revela en la resurrección ciertamente, pero se apoya en la cruz. San Juan en el Apocalipsis nos ha trazado la teología perfecta del Viernes Santo cuando nos presenta al Cordero sacrificado que está en pie, es decir, muerto y resucitado; con solemnidad divina el Cordero abre el libro que nadie podía abrir, y desata cada uno de sus sellos, mientras se oye una gran voz que canta: el Cordero que fue inmolado es digno de recibir el poder y la riqueza, la sabiduría y la fuerza, el honor, la gloria y la bendición’”.

Tiempo Pascual

Con la Vigilia Pascual empieza la Cincuentena o Tiempo Pascual, que se prolonga hasta el Domingo de Pentecostés. Estos días se han de diferenciar de los restantes del año litúrgico para expresar que en ellos la Iglesia vive como un anticipo de aquella felicidad que cree y espera encontrar cuando comparta visiblemente la vida y victoria de su Señor resucitado.

Sábado 15 de abril: Vigilia Pascual 

Antes de iniciar la solemne Vigilia Pascual, nos encontramos con los catecúmenos para realizar los últimos ritos propios del catecumenado. Dieciocho personas esperaban con alegría, después de un cuidadoso acompañamiento, la vida nueva que el Bautismo otorga y disponían su corazón con las celebraciones preparatorias.

Hacia las 19:50 iniciamos la procesión en silencio hacia el altar del Perdón para realizar la liturgia del “Fuego Nuevo” con la bendición del cirio. En medio de la penumbra acompañamos al cirio hacia el altar mayor mientras se encendían las velas de los fieles. Así, en un clima de oración y expectativa escuchamos atentamente el pregón pascual y las lecturas propias de la Vigilia.

En la homilía el Sr. Arzobispo dijo: “Cristo Resucitado nos inunda con su Luz y Fuego, ahuyentando la oscuridad de nuestros pecados; se hace Palabra, recordándonos la historia de la salvación; nos invita a lavarnos y purificarnos con el agua que brota de su Costado, renovando nuestro bautismo y nuestro compromiso de vivir como hijos de la luz; y finalmente nos lleva a la mesa de la Eucaristía donde nos hace participar del banquete de su vida divina y resucitada en nuestra alma. Durante todo el Sábado Santo nos hemos unido a la Iglesia junto al sepulcro del Señor, meditando su pasión y muerte, sin que se celebrase el Santo Sacrificio de la Misa y permaneciendo el altar desnudo. La liturgia ha querido hacernos sentir, con toda la fuerza, el vacío de la ausencia de Cristo. Día del Gran Silencio. Hoy, la Vigilia Pascual nos inunda con la densa presencia del Señor resucitado, que emerge con toda su fuerza divina y luminosa de las honduras de la muerte para arrastrar tras sí a todos los que han de participar de la verdadera vida, que no puede extinguirse, y que desde la tierra se proyecta a la eternidad. Cristo resucitado es Luz que ilumina los rincones de nuestra historia y de nuestra vida personal y nos hace pasar de las tinieblas del pecado y de la muerte a la luz de la gracia y de la vida. Iluminados en y con la luz de Cristo Resucitado, Dios nos habla y nos cuenta las maravillas que hizo desde los orígenes del mundo por todos nosotros, para que escuchando nos llenemos de gratitud y confianza; iluminados con esa luz que hemos escuchado con los oídos del corazón la Palabra de Dios. Con el agua del bautismo, cuyas promesas hoy renovaremos, nos hace sus hijos, signados con la señal de la cruz y con el óleo perfumado de Dios. Esa fuente bautismal nos recuerda a todos hoy que hemos renacido a una vida nueva y que hemos dejado la vida antigua del pecado, que hemos renunciado a Satanás y a sus engaños y mentiras, y que hemos profesado nuestra fe en Dios. Ya hijos, nos invita a la mesa para alimentarnos con el Pan de Vida y de Inmortalidad, para que tengamos vida y la tengamos en abundancia”.

Al terminar la homilía inició la liturgia bautismal con sus ritos propios para disponer todo y otorgar el bautismo a los “elegidos” y renovar las promesas bautismales de los bautizados. Después del bautismo el Sr. Cardenal confirmó a 24 personas en total. La liturgia se desarrolló a partir de la preparación de los dones como de costumbre con una notable participación de fieles.

Al término de la celebración pudimos realizar en la sacristía un brindis por la alegría del Señor Resucitado con el Sr. Arzobispo, los concelebrantes y quienes colaboraron más de cerca en la preparación de esta solemne liturgia.

Domingo 16 de abril: Domingo de Resurrección 

En la “profusión del gozo pascual” S.E.R. Card. Norberto Rivera presidió la Eucaristía de este Domingo de Resurrección. La presencia del Cabildo fue buena y los fieles participaron con entusiasmo.

En la homilía se expresó de este modo: “En esta Pascua me dirijo a todos ustedes con la noticia más importante que el hombre haya podido escuchar y conocer jamás: Nuestro Señor Jesucristo, que sufrió todo un sin fin de tormentos hasta morir en la cruz del Gólgota, para que fueran perdonados nuestros pecados, ha resucitado, como lo había previsto y anunciado. ¡Aleluya! Demos gracias al Padre porque Jesús ha vencido a la muerte, y con esa victoria también nosotros la venceremos y podremos disfrutar algún día, con Él y con todos los santos, las moradas que nos tiene preparadas en el cielo […] Iglesia, mi querida Iglesia de México, no te olvides de que eres Familia de Dios; organízate, crea espacios y ambientes donde todos tus hijos tan diversos, se sientan en casa, amados, respetados y promovidos. Celebra tu fecundidad y transmite la vida de Dios. Quizá sin darte cuenta llegaste a ser indiferente a las cosas de Dios, si es que no has terminado en la incredulidad. Los motivos pueden ser muchos; pero ¿por qué no te das otra oportunidad? No se trata de abrirse a una de tantas ideologías que buscan el poder o el control. Los estoy invitando a tener una experiencia de Jesucristo, de su estilo de vivir la vida en una sociedad concreta, de acercarse a diversos hermanos que sufren en el cuerpo o en el alma. Tú puedes encontrar a Jesucristo que te busca, siempre que compartas con el necesitado algo de lo que tú tienes. Agentes de Evangelización: como Pedro, Santiago y Juan en el huerto de Getsemaní, nos hemos dormido. No hemos caminado al ritmo de los cambios de la sociedad. Se nos ha olvidado cómo evangelizar con nuevos medios, nuevo ardor y nuevos métodos. Diversas religiones falsas están confundiendo a los que antes considerábamos seguidores seguros de la Iglesia. Urge despertar una nueva conciencia misionera. Hay que salir a buscar a las familias, a los jóvenes, a los pobres. Tenemos que aprender a dialogar con las diversas culturas o modos de vivir. Urge que favorezcamos la formación de pequeñas comunidades de crecimiento en la fe. Con la fuerza del Espíritu Santo debemos volver a anunciar el Evangelio de Jesucristo con palabras y con obras”.

Domingo 23 de abril: II Domingo de Pascua 

Este día presidió la eucaristía S.E.R. Card. Norberto Rivera C. Estuvieron presentes algunos miembros de “Caritas” para celebrar el día de la Caridad.

Entre los temas que abordó el Arzobispo en su homilía, hizo referencia a la figura de Tomás a quien el Señor Resucitado se apareció ocho días después y dijo: “Lo único que convence a Tomás y que le permite acceder a la Fe es la comprobación de que su Maestro Jesús, ha pasado por el oprobio de la burla, la injusticia, y la muerte de manera totalmente voluntaria, enfrentando al mal con la rectitud de su Vida y las armas de la Verdad. De ello dan testimonio su cuerpo llagado, sus manos, sus pies y su costado herido. El recordará las palabras del Maestro: “Nadie tiene mayor amor que el que da la vida por sus amigos”. A Tomás le consta que El pasó haciendo el bien, tanto con sus enseñanzas como con sus acciones liberadoras y sanadoras, impregnadas de misericordia. También recordará que a sus apóstoles, Jesús les otorgó su mismo poder y les encomendó la continuación de su Misión. ¿Cómo no vencer la duda que corroía su cerebro y sus entrañas si en Jesús se cumple todo lo que estaba anunciado por los antiguos profetas, en forma tan personal y con tanta coherencia? ¡Señor mío y Dios mío! Es el testimonio de una Fe que brota de un corazón largamente lastimado por las promesas incumplidas y las decepciones por tantas traiciones… pero que en Jesús encuentra al fin una nueva razón para volver a creer, a confiar, a amar”.

Domingo 30 de abril: III Domingo de Pascua

La Eucaristía de este III Domingo de tiempo de Pascua fue presidida por el Señor Arzobispo, Norberto Rivera C. Coincide la celebración con el “día del niño” por que en la celebración oramos por los niños, especialmente por los que sufren a causa del egoísmo humano.

En la homilía el Sr. Cardenal habló del caminar con el resucitado y reconocerlo presente en nuestra vida y dijo: “En los cincuenta días de la Pascua somos guiados por la Iglesia primitiva que contempla a su Señor resucitado y alimenta su fe con encuentros repetidos y variados con el que estaba muerto y ahora vive para siempre. Evidentemente uno de los textos privilegiados, y que siempre lo encontramos como primera lectura, son los Hechos de los Apóstoles. En el fragmento de hoy hemos escuchado, una parte del primer discurso de San Pedro, el apóstol nos presenta la muerte y la pascua de Cristo como fundamento de nuestra esperanza: ‘Jesús de Nazaret fue un hombre acreditado por Dios ante ustedes... Conforme al plan previsto y sancionado por Dios, Jesús fue entregado, y ustedes utilizaron a los paganos para clavarlo en la cruz... Pero Dios lo resucitó... Para que la fe y la esperanza de ustedes esté fija en Dios’. En la escena de los discípulos que regresan a Emaús, narrada por San Lucas, también está a la base la experiencia pascual de la primitiva comunidad cristiana. Los dos discípulos de Emaús son el símbolo de la multitud de seguidores de Cristo de todos los tiempos que siguen un itinerario de crecimiento en la fe: Los encontramos con los ojos velados, desconsolados, llenos de tristeza, discutiendo por el camino. En esta situación de crisis y de incredulidad los discípulos manifiestan su experiencia: ‘Lo de Jesús el nazareno, que era un profeta poderoso en obras y palabras, ante Dios y ante el pueblo... lo condenaron a muerte, y lo crucificaron... Nosotros esperábamos... pero ya han pasado tres días…’ Aquí interviene directamente Jesús con su palabra: ‘¡Qué insensatos son ustedes y qué duros de corazón para creer todo lo anunciado!... Y comenzando por Moisés y siguiendo con todos los profetas, les explicó todos los paisajes de la Escritura que se referían a él’, después ellos reconocen que ‘¡Con razón nuestro corazón ardía, mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras’. Pero es en la Eucaristía donde se da el pleno encuentro con el resucitado: ‘cuando estaban a la mesa, tomó un pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio. Entonces se les abrieron los ojos y lo reconocieron…’”.

En la celebración contamos con un numeroso grupo perteneciente al “Movimiento de Estudiantes y Profesionistas” de la Acción Católica Mexicana. Asimismo un grupo de monaguillos de la Parroquia de María Auxiliadora en la Col. G. Ramos Millán.

Al final de la celebración el Sr. Cardenal entregó dulces a los niños que asistieron a la Santa Misa para festejarlos en su día.

Acontecimientos

¡La Pascua es el gran acontecimiento: Cristo ha resucitado!

 

M. I. Sr. Cango. Dr. R. Valenzuela