La Vida Litúrgica

El tiempo de la Cuaresma en el que nos encontramos en este mes nos invita a entender y a clarificar el sentido profundo de este tiempo fuerte.

En el calendario litúrgico pastoral leemos: “Tanto en la Constitución conciliar sobre la liturgia, como en el Calendario Romano, este tiempo se presenta como preparación para la Pascua. Esta característica es, sin duda, muy importante. Existen aún demasiadas Cuaresmas cerradas en sí mismas, como si la Cuaresma fuera el tiempo fuerte por excelencia por sí mismo, cuando la realidad es que se trata de un tiempo de preparación, que es tiempo ‘fuerte’ sólo en cuanto prepara para un tiempo ‘más fuerte’, si cabe esta expresión.

El Tiempo de Cuaresma como preparación de la Pascua se basa en dos pilares: por una parte está la contemplación de la Pascua de Cristo, con los relatos históricos que nos recuerdan su cruz y su muerte, sus profecías veterotestamentarias e incluso sus símbolos en la celebración de los sacramentos; por otra parte, la participación de los fieles en la Pascua del Señor a través de la penitencia personal y de la celebración de los sacramentos pascuales –Bautismo, Confirmación, Penitencia– con los que incorporamos nuestro ‘camino pascual’ a la Pascua del Señor”.

Muy necesario es entender nuestro caminar en este tiempo privilegiado, sobretodo cuando se trata de tener como punto de llegada la Pascua de Cristo

Actividades en la Catedral 

Miércoles 1 de marzo: miércoles de Ceniza   

S.E.R. Card. Norberto Rivera presidió la Eucaristía con la se inicia el tiempo de la reflexión, de la conversión hacia la luz pascual. Participaron los Señores Canónigos, los Capellanes de Coro, los seminaristas y los ministrantes. Fue una bella y digna celebración.

En la homilía abordó justamente el tema de la conversión en estos términos: “En tiempos del profeta Joel viene sobre Judá una gran calamidad. Y con esa ocasión, en ese contexto, el profeta invita a todo el pueblo a la conversión, a una verdadera conversión. Que no consiste en actos exteriores, solamente. El profeta no reprueba esos actos, los tiene presentes. Pero la penitencia a la que él invita no consiste en rasgar las vestiduras, sino en convertirse de corazón, en cambiar el corazón. Y para el profeta no solamente es cuestión de cambiar de actitudes, de obras. La conversión lleva un elemento mucho más importante: regresar a Dios, abrirle el corazón a Dios, aceptar a Dios en la propia vida. Ése es el camino de la verdadera penitencia. Se suponen, sí, los actos que mortifiquen el cuerpo, los actos de privación, los actos que nos tengan templados para enfrentar la lucha con el enemigo. Pero no basta la mortificación, no basta tampoco, simplemente, cambiar de obras, como si nosotros creyéramos en una salvación que se obtiene por las obras, una justificación que se alcanza por méritos propios, no basta cambiar de moral. Es necesario algo más profundo: sentirse creatura, perteneciente a Dios, abrirle el corazón a Dios, ponerse totalmente en sus manos, hacer su voluntad […]. Con esa intención nos imponemos la ceniza, para aceptar, sí, el sacrificio, el dolor, la austeridad, los actos de piedad que nos van a ayudar. Sí, para cambiar muchas de nuestras actitudes en las cuales es absolutamente indispensable cambiar de dirección, cambiar de rumbo. Pero esas dos acciones no bastan. Necesitamos reconciliarnos con Dios, necesitamos abrir nuestro corazón al Padre, necesitamos dejar que la misericordia inunde toda nuestra vida”.

Domingo 5 de marzo: I domingo de Cuaresma 

S.E.R. el Card. Rivera presidió la celebración del primero domingo del tiempo de Cuaresma que se iniciara con el sacramental de la ceniza el pasado miércoles. Inicia además el mes dedicado a orar y a reflexionar sobre la Familia, por lo que estuvieron presentes varios matrimonios de la pastoral familiar quienes participaron con alegría en la liturgia, mientras toda la asamblea oró por las familias.

Contamos, además, con la presencia del Embajador de España acompañado de una comitiva de la Embajada Cultural española pues se firmaron los acuerdos para el uso de las rejas de la Catedral para exposiciones culturales.

Este sábado 4 se colocaron en las rejas “carteles” alusivos al arte que contiene el recinto. Agradecemos  profundamente el interés y entusiasmo del P. Miguel A. Saloma quien se ha dedicado a promover notablemente los ámbitos culturales de la Catedral.

En la homilía el Sr. Arzobispo habló de la familia y desarrollo el argumento de las lecturas en estos términos: “Este domingo celebramos el ‘Día de la Familia’, y con él también quiero dar oficialmente el ‘banderazo’ de arranque al ‘Mes de la Familia’, al que he querido convocar a toda la Iglesia que peregrina en la Ciudad de México. Para lo cual, por medio de la Comisión de Pastoral Familiar, hemos preparado un subsidio -el cual ya se ha entregado a los párrocos hace algunas semanas, pero que hoy entregaré simbólicamente a los matrimonios delegados de la Pastoral Familiar en cada Vicaría de nuestra Arquidiócesis- de cara a la preparación y vivencia de este periodo dedicado especialmente a la ‘célula fundamental de la sociedad y de la Iglesia’ -como ya la definía el Concilio Vaticano II, lo cual los Papas posteriores a éste no se han cansado de recordar y ampliar constantemente y de muchas y distintas maneras-, que es precisamente la familia. Y me parece la liturgia de la Palabra de este primer domingo de Cuaresma viene muy a cuento con esta nuestra celebración de la familia, pues en la primera lectura, tomada del primer libro de la Biblia, y más en concreto del segundo capítulo del libro del Génesis -el cual refiere el segundo relato de la creación por parte de Dios- nos habla precisamente de cómo Dios, ‘después de haber creado el cielo y la tierra, tomó polvo del suelo y con él formó al hombre; le sopló en la nariz un aliento de vida, y el hombre comenzó a vivir’ (Gen. 2). Después narrará el pasaje conocido del pecado original. El demonio, representado en forma de serpiente, tienta a la mujer, Eva, y ésta cae en el engaño. Comió el fruto del árbol prohibido, pues ‘era agradable a la vista y codiciable, además, para alcanzar la sabiduría’, y le dio a comer también a su marido, ‘pues estaba junto a ella’ (Gen. 3)”.

Tuvimos la visita de un grupo de monaguillos.

Domingo 12 de marzo: II domingo de Cuaresma 

La celebración de este domingo segundo de Cuaresma fue presidida por el Sr. Arzobispo Primado de México, Card. Norberto Rivera Carrera.

En la reflexión de su homilía habló de la Transfiguración del Señor y la presentó en estos términos: “La contemplación de la Transfiguración del Señor, transmitida y conservada por los tres primeros evangelistas, es muy sugerente para el tiempo cuaresmal en donde nos preparamos a vivir con mayor intensidad la muerte y la resurrección de Cristo. Jesús, flanqueado por Moisés y Elías, aparece como el nuevo legislador y el máximo de los profetas. Su rostro bañado por el sol  y su figura nimbada de luz nos hablan de Cristo como la verdad luminosa, como el Maestro superior a todos los personajes del Antiguo Testamento. Los apóstoles Pedro, Santiago y Juan, son envueltos por una gloria y una paz indescriptibles en donde desaparecen las dudas, las fatigas y las angustias y experimentan una alegría, seguridad y entusiasmo que los lleva a exclamar en voz de Pedro: ‘Señor, ¡qué bueno sería quedarnos aquí! Si quieres, haremos aquí tres chozas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías’. Pero, después de la manifestación, Jesús se acercó a sus discípulos, los tocó y les dijo: ‘Levántense’ y bajaron del monte a encontrarse con los demás apóstoles, la multitud y con la dureza de la vida diaria. Esta experiencia, tarde o temprano, todos de alguna manera la tenemos. Hay momentos en que, sin saber porqué, experimentamos una gran paz, vemos con claridad el sentido de la vida, nos sentimos felices y contentos de lo que hemos logrado y las dificultades y problemas nos parecen irrelevantes. La vida nos parece bella y exclamamos también nosotros: ‘¡Qué bueno sería quedarnos aquí!’. Mas de repente comienzan a llegar a nuestra vida las enfermedades, las contradicciones, los fracasos, las traiciones, los accidentes y hasta la muerte de los seres más queridos. Esta experiencia llega a todo ser humano, creyente o no creyente, bueno o malo, sabio o ignorante; la única diferencia que existe es la actitud que se tiene ante los acontecimientos. El discípulo baja con Jesús del Tabor, es guiado por la fe en la voz de Dios Padre que ha dicho: “Este es mi Hijo muy amado, en quien tengo puestas mis complacencias; escúchenlo”. El que no tiene fe se queda en la oscuridad después del Tabor, no sabe como explicarse los acontecimientos, no los puede ver a la luz de la resurrección”.

Contamos con la presencia de un grupo de monaguillos de la Parroquia San Francisco de Asís de la VII Vicaría en el VII Decanato acompañados por su párroco el P. Roberto Alcalá.

Domingo 19 de marzo: III domingo de Cuaresma

La Eucaristía fue presidida por S.E.R. Card. Norberto Rivera. Entramos conforme a la estructura celebrativa del catecumenado al primer escrutinio, por esta razón los signos bautismales se ponen en evidencia; tal es el caso del “agua” que se presenta en el Evangelio con la fuerza que da el abrir la puerta a un culto “en Espíritu y en Verdad”.

En la homilía el Sr. Arzobispo prefirió redimensionar la presencia femenina en medio de la gran familia humana con estas palabras: “Los Evangelios relatan numerosos encuentros de Jesús con hombres y mujeres de su tiempo. Una característica común a todos estos episodios es la fuerza transformadora que tienen y manifiestan los encuentros con Jesús, ya que ‘abren un auténtico proceso de conversión, comunión y solidaridad’. Entre los más significativos está el encuentro de Jesús con la mujer vulgarmente conocida como ‘la samaritana’, aunque es de suponer que sus contemporáneos la llamarían de una forma mucho menos benigna. Porque se trata de una mujer por cuya vida habían desfilado cinco maridos y ahora estaba viviendo con un sexto hombre con quien ni siquiera se había tomado la molestia de casarse […] Frente a esa mujer, en un ‘cara a cara’ impresionante, tenemos a Jesús, y lo primero que nos llama la atención es que se entable un diálogo entre dos seres tan dispares. Pero Cristo toma la iniciativa y se salta las barreras, porque para él no hay nada superior que la salvación de los  hombres y mujeres concretos que el Padre ha puesto en sus manos. Por eso rompe el prejuicio antifeminista de la época, que prohibía hablar en público con una mujer, y le pide agua. Y rompe el prejuicio religioso de aquel tiempo, que mandaba abstenerse de enseñar religión a las mujeres y le ofrece a una cismática el agua que salta hasta la vida eterna. Y pasa por encima del prejuicio racista, que enfrentaba a judíos y samaritanos, y trata a la mujer de Samaria como a una compatriota”.

Un buen grupo de monaguillos provenientes de la Parroquia de Nuestra Señora de la Consolación de la IV Vicaría, participó con entusiasmo en la celebración eucarística. Agradecemos al párroco la disponibilidad para acompañar y apoyar al Sr. Arzobispo.

En la celebración de la Misa Capitular tuvimos el Primer Escrutinio para los Catecúmenos que se preparan para recibir el Bautismo en la Vigilia Pascual y se verificó la “Traditio Symboli”.

Domingo 26 de marzo: IV domingo de Cuaresma

En este día el Sr. Arzobispo presidió la eucaristía con la que concluyó el mes dedicado a la familia. Asistieron 5 obispos auxiliares y cinco canónigos concelebrantes así como las familias participantes de las 8 vicarías en la promoción del Evangelio.

En la homilía el Sr. Cardenal habló de la luz como parte del esquema que la Cuaresma en el ciclo “A” ha tomado desde el siglo IV y dijo: “La liturgia en estos domingos nos ha venido presentando los grandes misterios de nuestra fe, tal y como sucedía en los  primeros siglos de la Iglesia, cuando los catecúmenos se preparaban durante la cuaresma para el bautismo que recibirían el día de Pascua. Hace ocho días contemplábamos el gran simbolismo del agua en el encuentro de Jesús con la Samaritana. Hoy el simbolismo de la luz nos hará descubrir la riqueza de nuestra fe y de nuestro bautismo como lo proclamaremos en el prefacio: ‘Porque Cristo nuestro Señor se dignó hacerse hombre para conducir al género humano, peregrino en tinieblas, al esplendor de la fe; y a los que nacieron esclavos del pecado, los hizo renacer por el bautismo y los transformó en hijos adoptivos del Padre’. Es clásica la representación de la fe como una mujer con los ojos vendados, para simbolizar la definición tradicional de fe como un “creer lo que no vemos”. Sin embargo, evangelio en mano, la fe debería pintarse como todo lo contrario: como un ciego que recibe la luz, la vista. Porque la fe es precisamente una visión. Este es el significado profundo del pasaje evangélico que acabamos de leer: el don de unos ojos nuevos que ven lo que antes no veían. La luz de la fe nos descubre realidades y dimensiones de este mundo y del más allá que nuestra capacidad humana no es capaz de percibir”.

Tuvimos un grupo de 9 monaguillos de la Parroquia “Las Llagas de Cristo” de la IV Vicaría en el Sexto Decanato. Agradecemos al P. Juan Botello que permitió la presencia de los niños en la celebración eucarística apoyando al Sr. Arzobispo.

En la Misa Capitular tuvimos el Segundo Escrutinio de los Catecúmenos que están preparándose para celebrar la Pascua del Señor resucitado.

M. I. Sr. Cango. Dr. R. Valenzuela

 

El tiempo litúrgico de la Iglesia envuelve todas las acciones celebrativas en la Catedral. Esto nos impulsa y vivir y a celebrar con toda la Iglesia el Misterio de nuestra fe.

Una realidad que es muy peculiar en la Catedral es que la celebración de San Felipe de Jesús es realmente una solemnidad: marca un eje devocional y celebrativo propio por tratarse del protomártir mexicano que fuera bautizado en la Catedral. Nos debe llenar de profunda alegría mientras pedimos su intercesión e imitamos sus virtudes.

Actividades en la Catedral

Jueves 2 de Febrero: La Candelaria

La misa Capitular de esta fiesta fue presidida por el M. I. Sr. Cango. Darío Bragado.

Después de la celebración y acompañado de “candelas” el Sr. Bragado fue a bendecir la imagen del Niño Dios que tuvimos en la Catedral desde mediados de diciembre para apoyar un proyecto de devoción, arte y de promoción de artistas jóvenes que han buscado conservar y desarrollar las tradiciones. La imagen era de 5 mes de altura y casi 500 kgs. de peso.

Domingo 5 de Febrero: Solemnidad de San Felipe de Jesús

Presidió la Eucaristía S.E.R. Card. Norberto Rivera C. y hubo una extraordinaria presencia y participación de jóvenes. El coro estuvo a cargo de la pastoral juvenil.

En la homilía el Sr. Arzobispo dijo: “Para algunas personas, el Papa, los obispos y los sacerdotes, no deberían tocar en su predicación los problemas éticos, sociales, políticos, económicos y familiares. Y tendrían mucha razón, los que esto afirman, si los temas fueran tratados desde la sabiduría o elocuencia humana, si estas realidades sólo se quisieran proponer desde la ética, la sociología, la economía o la política. Estaríamos, en este caso, abandonando el camino que nos señala hoy San Pablo: ‘Cuando llegué a la ciudad de ustedes para anunciar el evangelio, no busqué hacerlo mediante la elocuencia del lenguaje o la sabiduría humana, sino que resolví no hablarles sino de Jesucristo, más aún, de Jesucristo crucificado’. Pero anunciar a Jesucristo sin relación a las realidades del mundo, sin relación a nuestra tierra, sería mutilar el anuncio del evangelio, sería presentar una caricatura de Jesucristo que se encarnó en nuestro mundo y en nuestra historia. ¿Cómo podríamos interpretar lo que hoy nos dice Jesús?: Ustedes son ‘la sal de la tierra’, ustedes son ‘la luz del mundo’. Para algunos hubiera sido mucho mejor que Jesús nos dijera: ‘ustedes deben ser la sal de ultratumba, ustedes deben ser la luz de la estratosfera’ y así se justificaría que el anuncio del evangelio se hiciera sin relación a las realidades de nuestra ‘tierra’ y de nuestro ‘mundo’ concreto. Afortunadamente, Jesús es la sal de la tierra, sin Él, nuestro mundo sería insípido, no tendría sabor de trascendencia y de eternidad, sin Él, el mundo se corrompería totalmente, como se corromperían los mares de nuestro mundo sin la sal. Jesús es la luz del mundo, sin Él, las tinieblas ya habrían cubierto la faz de la tierra, sin Él, no tendríamos el calor del amor que puede hacer nuevas todas las cosas, sin Él, caminaríamos a tientas y atropellándonos sin tan siquiera darnos cuenta. Esta encomienda de ser sal y luz del mundo, que Jesucristo recibió de su Padre, la transmite a sus discípulos de ayer y de hoy. Esta investidura la recibimos en nuestro bautismo, por eso nos dice San Pablo: ‘Un tiempo ustedes eran tinieblas, ahora son luz en el Señor’. ‘En el Señor’, esto es importante remarcarlo, para que entendamos que no se trata de una consigna, o de un mandato o de una tarea que seríamos incapaces de cumplir, ya que por nosotros mismos somos tinieblas y a todos nos afecta la corrupción del pecado. Se trata de que hemos sido elegidos y enviados para manifestar a Cristo, hemos sido incorporados a Cristo para ser sus miembros, para ser su rostro, hemos sido elegidos para ser sus testigos. Para esto tenemos que ser muy realistas. Es cierto que el Evangelio nos habla de ser luz y sal de ‘la tierra, del mundo’, pero nuestro mundo es aquello que nos rodea, es la familia, nuestro ambiente de trabajo, de diversión, el sindicato, el barrio, la escuela, la parroquia a la que pertenecemos. Tenemos que tomar muy a pecho la indicación de Jesús, de ser luz ‘para los que están en la casa’, ser testigos de Cristo para aquellos que nos conocen de verdad, de tal forma que viendo nuestras buenas obras  glorifiquen al Padre que está en los cielos. Es cierto, no es fácil ser luz del mundo y sal de la tierra, por esto debemos acercarnos continuamente a Jesucristo para encender nuestra lámpara, por esto debemos recibir continuamente a nuestro Salvador y así tener la fuerza transformadora que tiene la sal. Si así no lo hacemos nuestra luz se extingue y nuestra sal pierde su sabor y ya para nada sirve. Que la Palabra que escuchamos, domingo a domingo, penetre en nuestros corazones; que el Cuerpo y la Sangre del Señor que comulgamos nos den vida nueva”. Durante la celebración estuvo expuesta la reliquia de San Felipe de Jesús así como la de San José Sánchez del Río.

Gracias a la intervención del M. I. Sr. Cango Lic. Hugo V. Romero pudimos contar con 10 cajas de higos para poder repartir a los fieles juntamente con agua de San Felipe a lo largo del día.

Viernes 1o de febrero: Memoria de San José Sánchez del Río

Este día fue la primera vez que se celebró la memoria litúrgica de San José Sánchez del Río conforme a la indicación dada por la Congregación del Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos. En la misa de medio día hubo la oportunidad de venerar la reliquia que fue regalada a la Catedral Metropolitana por el Vice-Postulador de la Causa.

 

Domingo 12 de febrero: Domingo VI del Tiempo Ordinario

La celebración de este día fue presidida por S.E.R. Card. Norberto Rivera.

En la homilía el Sr. Arzobispo dijo: “En la primitiva comunidad cristiana la conciencia del juicio final era muy viva. Jesucristo pronto regresaría como juez. Esta conciencia viva, de las postrimerías del hombre y de nuestro mundo, de las últimas realidades, de las cosas definitivas y eternas, se ha hecho presente, a través de los siglos, en los seguidores de Cristo, y éstos la han sabido plasmar en las artes de formas muy diversas. Un ejemplo impactante lo tenemos en las pinturas que han cubierto tantas y tantas ábsides de nuestros templos, tal y como lo podemos admirar en la capilla Sixtina, en donde Miguel Ángel nos presenta, con colorido poco común, el reclamo silencioso sobre la verdad del Juicio Final. Los cristianos, del final del segundo milenio, no podemos olvidar esta verdad continuamente anunciada por Jesús. Sería necio pensar que el Juicio Final no nos llegará sólo porque dejamos de pensar en él; sería fatuo creer que eliminamos la realidad de la muerte sólo porque dejamos de tenerla presente en nuestro caminar por este mundo. […] Además de subir a la barca y de permanecer con Jesús, el Evangelio nos dice que ‘mientras vamos por el camino, nos pongamos de acuerdo’. ¿En qué nos tenemos que poner de acuerdo con Cristo Jesús? En tener sus mismos criterios de juicio. Nosotros sabemos muy bien que sus criterios son muy distintos a los criterios que están de moda, muy distintos a los criterios del mundo. Jesús vino a salvarnos del pecado, vino a quitar el pecado del mundo, derramó su sangre y murió para arrancarnos del poder del pecado, por esto, estaremos de acuerdo con Él, si nos desagrada lo que a Él desagrada, si condenamos lo que Él condena, si practicamos lo que Él nos manda, si anhelamos cumplir la voluntad de Dios nuestro Padre como Él siempre la cumplió. Pero si en nuestra vida ya cometimos y estamos en pecado, si ya hicimos lo que a Él desagrada, si practicamos lo que Él condena... No hay otro camino, ‘para ponerse de acuerdo’, sino decir con el Rey David: ‘Misericordia, Dios mío, por tu bondad; por tu inmensa compasión borra mi culpa; lava del todo mi delito, limpia mi pecado. Pues yo reconozco mi culpa’. Se trata de reconocer el propio pecado, arrepentirse y confesarlo a Dios a través de la Iglesia, a quien confió el poder de atar y desatar. La Confesión Sacramental es el medio ordinario para ‘ponerse de acuerdo’ y reconciliarse con Dios y con los hermanos”.

Tuvimos la presencia de un grupo de enfermos de la Comisión de Pastoral de enfermos para celebrar a Ntra. Sra. de Lourdes. Antes de la celebración eucarística recibieron la Unción de Enfermos.

Domingo 19 de febrero: Domingo VII del Tiempo Ordinario

El Sr. Arzobispo presidió la Eucaristía acompañado de los Canónigos.

En la homilía habló de la respuesta del cristiano en medio del mundo y dijo: “La reacción del cristiano que nos enseña Jesús con metáforas orientales tan vivas, es muy clara: Ante el mal, rechazo y lucha abierta. El cristiano no puede hacerse sordo ni ciego, y mucho menos aceptar, la injusticia, la hipocresía, la mentira, la farsa, la violación del proyecto de vida y de dignidad que Dios quiere para todos los seres humanos. Hay que ser muy precisos: la lucha y el rechazo es contra el mal, no contra los seres humanos, que pueden ser buenos o malos, pero siempre conservarán su dignidad humana, que nadie debe violar, y para los cuales siempre debe haber respeto y comprensión. Insisto, el cristiano no puede ser cómplice del mal que amenaza nuestra sociedad, no puede meter la cabeza en la arena diciendo que no le importa lo que está sucediendo en la familia, en la escuela, o en la comunidad local o nacional. El cristiano debe enjuiciar evangélicamente los acontecimientos y denunciar proféticamente todo lo que corrompe a nuestro mundo. Evidentemente, todos esto lo debe cumplir por caminos pacíficos y respetando profundamente a los seres humanos. El seguidor de Cristo no puede caer en la tentación de pensar que, en tales circunstancias, el fin justifica los medios; que para arreglar la sociedad puede hacer como otros grupos que siguen la ideología de la violencia. No, esto, no, aunque sea insultado y difamado por denunciar el mal, defender la vida o proclamar la verdad, como a menudo sucede. La violencia no es el camino para curar la sociedad”.

Domingo 26 de febrero: Domingo VIII del Tiempo Ordinario

El Emmo. Sr. Card. presidió la celebración acompañado de los Consejeros y Secretario de la Nunciatura Apostólica en México para despedir a Mons. Mauro Cionini enviado a la Nunciatura en Suiza y para dar la bienvenida a Mons. Kevin Randall quien llega como Consejero a México.

En la homilía S.E.R. dijo: “Sabemos que el Padre tiene un plan de vida, que es un plan de amor, para cada uno de sus hijos, para cada uno de nosotros. Por medio de este plan providente quiere conducir y llevarnos a su reino, hacia su casa paterna. No sólo nos creó, sino también nos provee y cuida de todos nuestros pasos […] Lo que Cristo nos pide, en el Evangelio de hoy, es la cosa más natural del mundo: la confianza. Es la misma confianza, que acá en la tierra el hijo da a sus padres, el marido a su esposa, el alumno a su maestro. Lo que es indispensable en las relaciones sociales, Dios-Padre lo espera también de nosotros: que tengamos confianza en Él. Ustedes son testigos de cómo se paraliza toda una sociedad por falta de confianza”.

Hubo honores a la bandera. La banda de guerra y la escolta fueron de la Policía Bancaria Industrial. Agradecemos su participación.

M. I. Sr. Cango. Dr. R. Valenzuela

 

Al llegar al la última Semana del Adviento celebramos con alegría el Nacimiento del Señor. El tiempo de la Navidad nos da la oportunidad de comprender los diversos enfoques del misterio de la Encarnación.

Por esta razón en los días de preparación para la Navidad y la Navidad misma, tuvimos oportunidad en la Catedral de reflexionar y celebrar con entusiasmo el don del amor de Dios con la comunidad que nos acompañó y la que pudimos servir.

Además pudimos ver concluir un año en el que el Señor nos pidió realizar muchas cosas, algunas de las cuales fueron extraordinarias por lo que le damos gracias al Señor “porque ha sido bueno con nosotros”.

Actividades en la Catedral

Domingo 18 de diciembre: IV Domingo de Adviento

En este día el Sr. Card. Norberto Rivera C., presidió la eucaristía de la última semana del Adviento. Como parte de la vida comunitaria en la Catedral, el Seminario Conciliar de México tuvo la presentación de Candidatos al ministerio ordenado: Felipe Siderio Jacinto, Javier Eduardo Torres Colín, Gabriel Olmedo Gonzalez, Gabriel Juárez Hernández e Irving Hernández Salas. Formadores y alumnos pudieron acompañar con la presencia y oración a los hermanos que daban una respuesta al Señor.

En la homilía el Sr. Arzobispo dijo: “La primera lectura nos ha presentado la célebre profecía de Isaías: ‘El Señor mismo les dará una señal: He aquí que la virgen concebirá y dará a luz un hijo y le pondrán el nombre de Emmanuel, que quiere decir Dios-con-nosotros’. El Evangelista San Mateo nos ha descrito el cumplimiento de esta profecía: El gran signo es que María, permaneciendo virgen, ha dado a luz a Jesucristo, y todo esto ha sido así para que se cumpliera la Escritura. De esta manera la liturgia, antes de narrarnos el nacimiento de nuestro Señor en la próxima Navidad, nos da el sentido teológico de lo que celebraremos dentro de pocos días: Dios, en Jesucristo, se ha hecho Dios-con-nosotros, un Dios cercano, se ha hecho uno de nosotros, ha entrado en nuestra historia, ha sellado una nueva y eterna alianza con todos y cada uno de nosotros. El niño que contemplaremos en el pesebre de Belén es Jesús, Dios con nosotros, el Emmanuel. Esta palabra es toda una síntesis de nuestra fe, es una proclamación completa de nuestra fe en Jesucristo. Jesús es ‘Emmanuel’, es decir, con-nosotros, es uno de nosotros, nuestro hermano, ‘de la estirpe de David según la carne’ como lo proclamó hoy San Pablo en la segunda lectura. Pero Jesús es también ‘El’, es decir, Dios. Si sólo fuera ‘con nosotros’, si sólo fuera hombre, por extraordinario que lo podamos imaginar, no nos podría salvar, no podría ser nuestro “puente” para llegar a Dios. Pero si sólo fuera Dios, sin ser ‘de nosotros’, si no fuera verdadero hombre, tampoco su salvación nos llegaría, según el antiguo adagio patrístico: ‘lo que no se asume no se redime’”.

Nos alegramos por la participación de los voluntarios de la Archicofradía Universal de Guadalupe quienes sirvieron en el “Comedor de la Misericordia” por primera vez en el patio de los Canónigos de esta Santa Iglesia Catedral Metropolitana de México.

Vísperas en las ferias privilegiadas

Desde el lunes 19 y hasta el viernes 23 se celebraron las Vísperas a las 17:30, mientras que el sábado 24 se celebraron a las 19:00. Fue una bella experiencia de oración con la feligresía, pero sobretodo una buena oportunidad para ir recuperando los espacios de oración que el Cabildo fue dejando por muy diversos motivos. La presencia de los Señor Canónigos y Capellanes de Coro fue buena.

Sábado 24 de diciembre: La Natividad del Señor: Misa de la noche

La eucaristía fue presidida por el Sr. Arzobispo en un clima de alegría y serenidad. En la homilía el Car. habló del misterio del nacimiento del Hijo de Dios y dijo: “La noticia que hoy recibimos en esta liturgia es maravillosa: ‘Les anuncio la buena noticia, la gran alegría para todo el pueblo, hoy les ha nacido un Salvador’. San Pablo nos ha confirmado esta buena noticia: ‘Ha aparecido la gracia de Dios, que trae la salvación a todos los hombres’. Así se ha realizado lo que siglos antes Isaías había proclamado: ‘El pueblo que caminaba entre tinieblas vio una luz inmensa, una luz grande brilló’. Esta noche, es noche de contemplación, se necesita capacidad de admiración, se necesita sencillez, para captar esta buena noticia que se nos ha dado. Necesitamos hacernos niños para comunicarnos con Dios que se ha hecho niño. ‘Porque un niño se nos ha dado, un hijo nos ha nacido’. Es cierto que todo niño que nace debe ser un motivo de alegría y de esperanza, todo niño que nace es una señal, de que a pesar de todo, Dios sigue creyendo en los hombres. Pero el Niño que hoy nace nos trae otros motivos de alegría y de esperanza ya que es: ‘Consejero admirable’, ‘Dios poderoso’, ‘Padre sempiterno’, ‘Príncipe de la paz’, ‘viene a quebrar el pesado yugo, la barra que oprimía’, ‘viene a extender una paz sin límites y a consolidar la justicia y el derecho’”.

Al finalizar la celebración se dio el niño a besar a los concelebrantes y a los fieles. Pasamos luego a la sacristía a un brindis por la Navidad.

Domingo 25 de diciembre: La Natividad del Señor: Misa del día

Este domingo la Eucaristía fue presidida por S. E. R. Card. Norberto Rivera C., Arzobispo Primado de México. En la homilía, a propósito de la celebración navideña, dijo: “Estamos celebrando la Navidad, tiempo de salvación en que Dios nos muestra su cercanía y su condescendencia por el inefable misterio de la Encarnación y del Nacimiento de su Hijo Unigénito. Es lo que creemos y predicamos con todo el corazón. Es el centro de nuestra fe y la piedra angular de nuestras vidas. Creemos que esa salvación viene a cada hombre y mujer sólo a través de un encuentro personal con Jesucristo vivo y que a través de dicho encuentro vienen la libertad, la paz y la alegría que el mundo no puede dar. Proclamamos junto con ustedes, que sólo en Jesucristo, que vive entre nosotros, podemos encontrar la fuerza para vivir como hijos de Dios; que sólo en nuestro encuentro con Él podemos encontrar la respuesta a los problemas de nuestro mundo y que sólo en Él podemos realizar la verdadera fraternidad y solidaridad. El encuentro personal con Jesucristo, al que somos invitados especialmente en esta Navidad, nos conduce a la solidaridad, que es expresión necesaria de la caridad. La solidaridad, comprendida en su totalidad, es compartir lo que somos, lo que creemos y lo que tenemos. El Señor Jesús es el ejemplo perfecto de esto, ya que Él se despojó de Sí mismo para hacerse en todo semejante a nosotros, menos en el pecado (Cf. Hb 4,15). La solidaridad nos impulsa a considerarnos los unos a los otros como hermanos, así como Jesús nos mira a nosotros. Nos llama a amarnos mutuamente y a compartir los unos con los otros. Comprende desde la caridad personal que nos obliga a acoger y servir al hermano pobre en nuestra comunidad, hasta la transformación de nuestra realidad social en un espacio más humano y fraterno”.

Sábado 31 de diciembre 2016

Esta celebración a las 20:00 fue presidida por el M. I. Sr. Cango. Dr. Julián A. López A., teólogo del Venerable Cabildo por indicaciones del Sr. Arzobispo. Con muy buena participación de fieles la celebración permitió dar gracias a Dios por el año que concluía mientras se encomendaba a la intercesión de la Santísima Virgen María.

La homilía hizo un extraordinario recorrido en la contemplación de la encarnación del Hijo de Dios en el seno de la Virgen Madre: “Al cerrar un año civil, también nosotros deseamos alistarnos entre quienes elevan su acción de gracias a Dios. Más allá de las perplejidades que nos puedan asaltar por las circunstancias, no ignoramos que el Señor es fiel a sus promesas, y nos congrega como pueblo de la paz, de la justicia y de la esperanza. Somos pueblo que bendice, que acoge las bendiciones de Dios con un corazón agradecido y que se propone multiplicarlas a través de su compromiso cotidiano. Es verdad que los gestos de todos los días parecen insignificantes. Y, sin embargo, es a través de ellos que se va tejiendo la historia de la salvación. María —nos ha confiado el evangelista— guardaba los pequeños detalles de su experiencia como madre y las meditaba en su corazón. El Niño que le había nacido sobrepasaba, ciertamente, toda expectativa. Lo había llevado en su seno, en lo más íntimo de su propia realidad, pero constituía para ella el más elevado misterio y, a la vez, la más adorable certeza. La presencia de su Hijo fortaleció su natural talante contemplativo, ejercitándola en la lectura del paso de Dios en la historia de los hombres. ¿Quién como ella conoció las dulces alegrías del balbuceo celeste que aprendía a expresarse como hombre? ¿Quién adelantó la agonía de las batallas diarias con una solicitud que confiaba infinitamente al mismo tiempo que se empeñaba con toda su energía a resolverlas? ¿Quién gustó la paradoja constante de entregarse a la providencia divina a la vez que el mismo eterno providente se ponía en sus brazos, implorándole alimento? Sólo ella, en su vocación singular. Pero eso mismo, en vez de alejarla de nosotros, nos la acerca en su perseverante sencillez. Porque sus tareas, aun siendo de la más determinante repercusión salvífica, fueron los humildes afanes de un hogar, el afectuoso cobijo doméstico y la casta consagración de los pequeños servicios. De ella seguimos aprendiendo a contemplar, a reconocer y a valorar, a responder y a procurar, a querer y a rezar. Hoy deseamos nosotros, con ella, como portavoces de una humanidad en búsqueda, elevar nuestra acción de gracias a Dios, porque su presencia no ha faltado en nuestras vidas, aunque no siempre hayamos sido vigilantes para descubrirla. La intensidad del año transcurrido perdería, en realidad, su verdadero sentido, si nos abstuviéramos de leerlo desde la mirada benevolente de Dios”.

Domingo 1 de enero 2017: Misa de media noche 

Esta celebración fue presidida por el M. I. Sr. Cango. Dr. Ricardo Valenzuela P., Sacristán Mayor y Chantre. Con gran concurrencia de fieles la misa dio inicio en punto de la media noche mientras las campanas de la Catedral daban la bienvenida al nuevo año 2017.

Se dio la felicitación a los fieles y la celebración concurrió con serena alegría y en recogimiento. En la homilía se hablo de la “Palabra” encarnada en el seno de la Virgen que con su “palabra” dio el sí que nos abriera el paso a la Salvación.

Domingo 1 de enero 2017: Octava de Navidad. Santa María Madre de Dios

La celebración de este día fue presidida por el M. I. Sr. Cango. Dr. Julián A. López A., en ausencia del Sr. Arzobispo y del Cabildo en general ya que sólo concelebró el Sacristán Mayor. En la homilía el Sr. teólogo tomó otro aspecto relativo a la Maternidad de María. Dijo: “Ocho días después de haber celebrado el nacimiento en la carne de nuestro Señor, prolongamos nuestro júbilo acudiendo, como los pastores, al encuentro de la Sagrada Familia. El evangelio nos da testimonio de que, cumplidos los ocho días, circuncidaron al niño y le pusieron el nombre de Jesús, aquel mismo que había dicho el ángel, antes de que el niño fuera concebido. ‘Jesús’, que significa ‘Dios salva’. La salvación que Dios nos ofrece late en esta humanidad frágil, necesitada de protección, de cuidado, de solicitud. En medio de las más impredecibles condiciones, el Hijo de Dios se deja arrullar por una madre, bendita ella entre todas las mujeres, y bajo su amparo queda todo el proyecto redentor de Dios. En él estamos todos nosotros. Por eso, hacia María se elevan hoy nuestros corazones, agradecidos, implorando que sea también hoy para nosotros refugio seguro para el año civil que comenzamos. Que también ella hoy, como lo hizo al recibir la visita de los pastores, atenta a nuestra indigencia, custodie en su corazón inmaculado cuanto acontece, el plan de Dios sobre nosotros, sobre nuestras familias, sobre nuestra ciudad, sobre nuestro país, sobre la Iglesia, sobre el mundo entero, y sea intercesora de la palabra buena de Dios, para que nos alcance, nos cuide y nos fortalezca, para que seamos capaces de cumplir nuestras propias responsabilidades como constructores de paz”.

Domingo 8 de enero 2017: Epifanía del Señor

En este domingo el Sr. Arzobispo presidió la Eucaristía para celebrar la Solemnidad de la Epifanía del Señor. El Cabildo estuvo presente, no en su totalidad pero con muy buena presencia.

En su homilía el Señor Cardenal presentó el dinamismo entre la manifestación de Dios y la fe del hombre que responde al Dios que se manifiesta: “Epifanía en griego significa manifestación, revelación o aparición. Alguno se podría preguntar: ¿Qué acaso no se manifestó ya el Señor en la Navidad? Por supuesto que sí, pero ahora celebramos la manifestación del Señor a todos los pueblos paganos representados por esos personajes misteriosos que llamamos Reyes Magos, celebramos la vocación universal a la salvación, la llamada a la fe a todos los que no éramos pueblo elegido y que en Cristo comenzamos a serlo. Este es el significado que nos ha explicado San Pablo presentándose como apóstol y pionero de ese llamado universal a la salvación, de ese ‘misterio escondido por siglos y revelado en los últimos tiempos’. La narración que acabamos de escuchar sobre los Reyes Magos es todo un símbolo del itinerario de nuestra fe. Esos personajes misteriosos venidos de oriente han dejado sus palacios, se han puesto en camino, comienzan a preguntar por el niño no pretendiendo descubrirlo por sí mismos, no se desaniman ante las dificultades cuando la estrella desaparece de su vista, reemprenden el camino y encuentran al niño y postrándose lo adoran a pesar de que es muy distinto a como se lo habían imaginado, pues no está en un palacio, ni tiene insignias reales, sino está en los brazos de María su madre. Cristo sigue presente en medio de nosotros, pero es necesario buscarlo, esa búsqueda es todo un camino que no podemos recorrer solos, una búsqueda no exenta de dificultades, una búsqueda en donde habrá sorpresas, una búsqueda que debe culminar en un encuentro personal con Cristo, reconociéndolo como nuestro único salvador, adorándolo como nuestro Dios. La fe a través de los siglos va creando tradiciones y cultura; va produciendo una estética, pues el creyente necesariamente produce realidades bellas; va formando un folklore, ya que la fe explota en mil manifestaciones; pero la fe es algo mucho más que todo eso, es algo personal, que afecta a cada uno en lo más profundo de su ser, es una respuesta que sólo cada quien puede dar desde lo más sagrado de su libertad. Por supuesto que la fe nos lleva a la oración y a la plegaria continua, ya que si no creamos el ambiente para que Dios nos hable y responderle, nuestra fe se apaga, pero la fe no se puede reducir al ámbito de lo íntimo, sino que debe traducirse en obras que manifiesten esa fe en toda la actividad humana, personal, familiar, profesional y social”.

Contamos con la presencia de unos 50 monaguillos de diferentes parroquias que fueron convocados para participar en la celebración y recibir sus regalos. Al terminar la Misa el Sr. Arzobispo hizo le entrega de juguetes y dulces a los niños presentes en la Catedral. El jueves anterior en la noche fueron entregados unos 6,000 juguetes de parte de TV Azteca en el “juguetón” anual. Agradecemos la generosidad de los donantes.

Domingo 15 de enero 2017: II Domingo del Tiempo Ordinario

La Eucaristía fue presidida por S.E.R Card. Norberto Rivera C., quien fue acompañado por algunos miembros del Cabildo Metropolitano. Asistieron, además, miembros del movimientos “Renovación Carismática Católica del Espíritu Santo” y por ello un par de sacerdotes con celebraron con el Sr. Arzobispo.

En la homilía el Sr. Cardenal hablo de la presentación del Cordero de Dios por parte de Juan y enfatizó que: “La breve narración del Evangelio, que hoy hemos escuchado, tiene todo el sabor de un recuerdo personal celosamente guardado. Juan el Evangelista es uno de los discípulos que escuchó a Juan Bautista decir: ‘Este es el Cordero de Dios, el que quita el pecado del mundo. Este es aquel de quien yo he dicho…' Y Juan el evangelista lo comenzó a seguir, y fue tan fuerte esta impresión y esta decisión en su vida que después de tantos años recuerda con precisión que fue a las orillas del Jordán y que ‘era la hora de sexta, cerca del mediodía’. El encuentro con Jesús marcó de tal manera su vida que no puede menos que exclamar: ‘¡Yo lo vi y doy testimonio de que éste es el Hijo de Dios!’. La presentación de Jesús, como ‘Cordero de Dios’, quizá a nosotros no nos diga mucho, por no pertenecer a la cultura pastoril, por eso es conveniente que nos detengamos un poco a tratar de descubrir qué es lo que significó esta expresión para Juan el evangelista y para todos aquellos que escucharon al Bautista. En el Antiguo Testamento se conocieron dos significados de la palabra ‘cordero’: uno real y otro simbólico o metafórico. El cordero real era el cordero que, año tras año, sacrificaban en la Pascua en recuerdo de aquel cordero real que fue sacrificado en Egipto y con cuya sangre Yahvé liberó a su pueblo de la esclavitud y lo condujo a la libertad de la tierra prometida. El auditorio de Juan el bautista también conocía perfectamente el sentido metafórico y simbólico ‘del cordero mudo conducido al matadero’, del cual Isaías habla abundantemente en el contexto de la primera lectura que hoy hemos escuchado, presentándolo como ‘el Siervo que viene a restablecer... que viene a reunir... que se convierte en luz y salvación no solo para Israel sino para todos los confines de la tierra’. Este es el cordero ‘que será sacrificado por nuestros pecados, molido por nuestros crímenes, y por cuyas llagas nosotros somos curados’”.

Domingo 22 de enero 2017: III Domingo del Tiempo Ordinario

La Eucaristía de este domingo fue presidida por S.E.R Card. Norberto Rivera C. La participación del pueblo fue una participación alegre pese a que los problemas a causa del incremento de la gasolina han provocado manifestaciones innumerables a lo largo y ancho de la nación y los precios empiezan una escalada nada favorable para la economía familiar.

En la homilía S.E.R. habló del ministerio público de Jesús en estos términos: “Jesús comienza su ministerio público tras una serie de desprendimientos, renuncias y decisiones para resituarse o colocarse en el lugar adecuado. Deja el grupo de Juan y se retira a Galilea; deja Nazaret y su familia y se establece en Cafarnaúm. El que se establezca en Cafarnaúm no es una mera precisión geográfica, sino que refiere un hecho que supuso una sorpresa, y quizá hasta un escándalo, para las expectativas religiosas de la época. Tan es así que San Mateo siente la necesidad de explicarlo y justificarlo con una profecía. Porque era lógico esperar que el anuncio mesiánico partiese del corazón del judaísmo, o sea, de Jerusalén; en cambio, partió de una región periférica, despreciada y contaminada de paganismo. Así se establece que la Buena Nueva está destinada para los que se reconocen pecadores, no para los que se creen justos, ya que viene a alumbrar a los que habitan en tinieblas y en sombras de muerte. La Buena Noticia, ayer y hoy, resuena en la periferia. Allá donde nadie lo espera aparece dando luz, dando alegría y liberando de oscuridades, tinieblas y cadenas. La periferia y los márgenes, eran en aquel tiempo la Galilea de los gentiles, la tierra de Zabulón y Neftalí. Hoy, la periferia y los márgenes son los pobres y marginados, los niños y ancianos encontrados con frecuencia en los tiraderos de basura de nuestra ciudad y atendidos con exquisito amor por las y los seguidores de Madre Teresa y otras familias religiosas. Hoy muchísimos niños y niñas que vivían en la oscuridad de nuestras calles y en las tinieblas de las coladeras están recibiendo la luz y la alegría en muchísimas casas de la Arquidiócesis. Mujeres y hombres atrapados por las tinieblas de la prostitución están recibiendo la Buena Nueva de la liberación. Miles de personas que estaban viviendo en las oscuridades del analfabetismo ya están recibiendo la luz de las primeras letras en nuestros salones parroquiales. Lo mismo que nacen iniciativas que iluminan nuestro mundo, comunidades cristianas también brotan en otros muchos ambientes. Reconozcamos ahí la presencia del Reino”.

Domingo 29 de enero 2017: IV Domingo del Tiempo Ordinario

La Eucaristía de este día fue presidida por el Sr. Arzobispo participando en ella varios Canónigos y algunos presbíteros visitantes, además de la presencia del Seminario Conciliar de México para la Colecta anual. La celebración se desarrolló en un clima de alegría y serenidad pese a que el ambiente político del mundo y de la ciudad de México, lo mismo que las consecuencias del conflicto económico internacional nos hace experimentas incertidumbres, por esta razón el tema de la homilía giró en torno a las Bienaventuranzas y dijo: “Ordinariamente cuando escuchamos Las Bienaventuranzas, con mucha razón, nos detenemos en la primera, digo que con mucha razón, ya que en ‘Bienaventurados los pobres de espíritu’ de alguna manera están contenidas las siete restantes. Pero cada una de las Bienaventuranzas tiene su propio contenido y su propia fuerza, por ello, hoy quisiera invitarlos a meditar un poco la Bienaventuranza de la paz: ‘Dichosos los que trabajan por la paz, porque se les llamará hijos de Dios’. Esta sentencia de Jesús nos confronta fuertemente a los cristianos ante la violencia y la lucha de clases que tanto han permeado en nuestro ambiente. Los esfuerzos de algunos estudiosos para hacer aparecer a Jesús como un revolucionario violento han fracasado totalmente ya que no han encontrado fundamento. El rechazo a la violencia por parte de Jesús fue total en su actitud y en sus palabras. Las invitaciones, inclusive de sus propios discípulos, para que Jesús tomara una actitud violenta no fueron pocas ya que La Palestina estaba invadida de intentos de revuelta zelota contra las clases ricas y contra la dominación romana, pero Jesús rechazó decididamente toda invitación en este sentido, huyendo de las multitudes cuando querían proclamarlo rey o cabeza de un movimiento de resistencia armada. Sin embargo debemos precisar, diciendo que Jesús rechazó la violencia en todas sus formas, no solamente rechazó la violencia del que recibe la bofetada en la mejilla, invitándolo a poner la otra, sino también rechazó la violencia del que da la bofetada, rechazó la violencia institucionalizada, la violencia de aquellos que humillan y explotan a los demás, la violencia de aquellos que dan sentencias injustas, la violencia de aquellos que imponen cargas que ellos mismos no pueden soportar, de aquellos que difaman y destrozan la vida de los demás, de aquellos que matan al inocente por agradar a los invitados y a la bailarina. A estas alturas, algunos de ustedes ya estarán pensando, entonces, ¿Cómo se explican esos pasajes evangélicos en donde Jesús arroja a los vendedores del templo, sus sentencias tan fuertes contra los escribas y fariseos hipócritas, su afirmación rotunda de que no ha venido a traer la paz sino la guerra? Para responder, con honestidad y claridad, es necesario decir que Jesús con su pacifismo, jamás pretendió inculcar en el corazón del hombre la pasividad y la resignación humillante ante las injusticias. El pacifismo de Jesús jamás se podrá invocar para defender los atropellos contra la dignidad humana o para justificar el inmovilismo que impide el progreso y el desarrollo de los pueblos, ya que si alguna palabra es clave en los evangelios, esa es ‘la conversión’, que invita al cambio, a la transformación, a la renovación de las personas y de la comunidad. La Bienaventuranza de la paz, lo mismo que las demás, es difícil de aceptar. Todos queremos la paz, pero nos cuesta trabajo recorrer los caminos que a ella conducen, nos cuesta trabajo aceptar los criterios de Cristo, no es fácil ser constructores de la paz. Reconozcamos que necesitamos cambiar y que este cambio sólo se puede dar si abrimos nuestro corazón al Príncipe de la Paz, Jesucristo nuestro Señor. Hagamos nuestra la oración eucarística que cada domingo recitamos: ‘Señor nuestro Jesucristo, que dijiste a tus apóstoles: la paz les dejo, mi paz les doy, no tengas en cuenta nuestros pecados, sino la fe de tu Iglesia y, conforme a tu palabra, concédenos la paz y la unidad’”.

Al término de la celebración y antes de dar la bendición el Sr. Cardenal pronunció un mensaje esperanzador que ahora presento íntegramente:

Mensaje a todos los católicos y a todos los ciudadanos de buena voluntad
de esta Arquidiócesis de México.

Queridos hermanos y hermanas:

No se dejen vencer por el desánimo. Constantemente Jesús nos dice en el Evangelio: “No tengan miedo”. Para el creyente, el valor se fundamenta en el amor misericordioso de Dios que nunca abandona a sus hijos; y por otra parte, el valor debe surgir de nosotros mismos, de la conciencia clara de saber quiénes somos, cuáles son nuestros principios, valores, fortalezas, y también, ¿por qué no?, nuestras debilidades y carencias.

Ante las amenazas que se ciernen sobre nuestros hermanos inmigrantes en los Estados Unidos, sobre nuestra economía, y sobre el futuro de muchas empresas y fuentes de trabajo, me ha dado una gran alegría constatar la espontánea unidad de todos los mexicanos. Hoy somos conscientes de que la fuerza de nuestro pueblo está en la unidad nacional, en el respaldo a nuestro gobierno que, con toda razón, ha dejado en claro que la dignidad y soberanía nacional no son negociables. México es un país grande, con una cultura memorable, con una historia rica en contrastes, con una fe inquebrantable y con una clara identidad nacional de la que nos sentimos orgullosos.

Pese a la provocación y las agresiones del presidente estadounidense, México –como tantas veces lo ha reiterado el Papa Francisco–, debe creer en el diálogo, debe optar por los puentes y no por el muro de la vergüenza, ese muro de la ignominia que no defenderá a los Estados Unidos, sino que lo aislará no sólo de México y Latinoamérica, sino también del mundo. No son los ciudadanos norteamericanos quienes están en contra de México, sino algunos de sus gobernantes; la Iglesia Católica de los Estados Unidos es un claro ejemplo de solidaridad y hermandad con los mexicanos. Por eso, hoy apelamos a nuestros hermanos norteamericanos de buena voluntad para que apoyen a México, porque apoyar a este país, que ha sido un vecino amistoso y leal, contribuye al bienestar y prosperidad de los mismos Estados Unidos de América.

América no son los Estados Unidos, sino el Continente entero; México, como Argentina, Perú o Canadá, también son América, y hoy por hoy estamos por una integración económica y cultural mundial, en la que abanderar de nueva cuenta viejos nacionalismos y proteccionismos es una insensatez, es una quimera que, agotada su ilusión, sólo dará frutos amargos de odio, aislamiento y pobreza.

No caigamos en la provocación ni en la tentación de responder con ofensas a las agresiones; actuemos como cristianos, siguiendo el consejo de Jesús: “No devuelvan mal con mal, oren por sus enemigos”. La fuerza que tenemos los creyentes es la oración. He visto con gusto cómo se han organizado campañas de oración por México; unámonos a ellas. Imploremos la protección de la Santísima Virgen María de Guadalupe, Patrona de América, a fin de invocarla como “Consuelo de los afligidos”; para pedir por nuestra patria, por nuestros hermanos inmigrantes, y por la paz y la concordia de nuestro país.

Unidos siempre seremos fuertes. Con nuestra fe en Cristo nuestro Señor y en Santa María de Guadalupe seremos prósperos; no tengamos miedo, hoy más que nunca debemos estar unidos y ser solidarios. Esta es la hora de México, de voltear a nosotros mismos y descubrir nuestras propias capacidades y oportunidades, no olvidemos la sabiduría popular que reza: “No hay mal que por bien no venga”. Tengamos confianza, no perdamos la fe y trabajemos sin descanso por hacer de nuestro amado México una patria digna, fraterna, en la que hagamos realidad el reino de Cristo, un reino de amor, de justicia y de paz.

“¡¡¡Es por México!!!”

Acontecimientos

Comedor de la Archicofradía de Guadalupe

El domingo 18 de diciembre dio inicio el comedor de la Archicofradía de Guadalupe para saciar el hambre de los que menos tienen. La Catedral ha dado todas las facilidades para ayudar a los hermanos en necesidad.

El Sr. Cardenal bendijo los trabajos y oró para que el proyecto sea sostenido por la misericordia divina.

Oremos por estos hombres y mujeres de nuestra  comunidad, que han aceptado dedicarse con mayor entrega al ministerio de la caridad, para que se dediquen a su tarea en un continuo servicio de amor cristiano.

Bendito seas, Señor, Dios de misericordia, que en tu Hijo nos has dado un admirable ejemplo de caridad y por él nos has recomendado vivamente el mandato del amor; dígnate colmar de tus bendiciones + a estos servidores tuyos, que quieren dedicarse generosamente a la ayuda de los hermanos; haz que, en las necesidades urgentes, te sirvan fielmente con una entrega  total en la persona del prójimo. Por Jesucristo, nuestro Señor.

A lo largo de la mañana se sirvieron más de 700 almuerzos a los peregrinos, indigentes y migrantes que tienen necesidad de ser atendidos. El comedor funcionará en el “Patio de los Canónigos” los sábados por razón de la facilidad para trasladar los insumos y favorecer la estructura de distribución. La Sra. Ma. Teresa Ochoa, Vicepresidenta de la Archicofradía, participó con notable entusiasmo y entrega como lo suele hacer. Le agradecemos su trabajo y generosidad. El P. Victoriano Martínez estará a cargo del enlace entre la Pastoral socio caritativa de la Catedral y la participación de la Archicofradía. A partir de entonces se han servido de 300 a 400 desayunos los sábados con un aumento paulatino. Se prevé que se servirán más desayunos en los próximos meses.

Cabildo Solemne

El viernes 27 tuvimos el Cabildo Solemne con el Sr. Arzobispo en la Curia del Arzobispado. Se entregó el informe de actividades desde octubre del 2015 hasta diciembre de 2016. Agradecemos a Dios todos los beneficios que hemos recibido.

M. I. Sr. Cango. Dr. R. Valenzuela