Cronología y Biografías de los Arzobispos en México

 Archivo del Cabildo Catedral Metropolitano de México
Inventario y guía de acceso. Vol. II. Óscar Mazín Gómez. cf. pp. 1059 a 1070
Cronología de los arzobispos en México
Carmen Saucedo (Centro de Estudios Históricos, El Colegio de Michoacán).

 Es común que muchas obras históricas de consulta contemplen una cronología de gobernantes: las hay muchas y muy buenas y han existido por muchos años y constantemente se renuevan. Tienen la virtud de incluir a los gobernantes prehispánicos, las audiencias, los virreyes, los emperadores y los presidentes que han regido nuestra nación o parte de ella. Abundan en datos como los nombres de los que integraron los gabinetes y las carteras que ocuparon con las fechas precisas en que ejercieron sus cargos.

Sin embargo, el laicismo actual nos ha hecho perder de vista la enorme importancia que la Iglesia ha tenido en el desarrollo de nuestra historia, y por tanto, el significativo papel de los arzobispos que actuaron en ella. Esto se ve reflejado en la pequeñísima cantidad de obras que nos orientan acerca del gobierno de los arzobispos de México. La mayoría son imprecisas y algunas hasta contradictorias, por lo que resultan poco confiables. La mejor obra este género en la lista de arzobispos de México que José Bravo Ugarte incluyó en su obra Diócesis y obispos de la Iglesia mexicana (1519-1965)1, pero tiene el defecto de ser un amontonamiento de abreviaturas y fechas que la hacen difícil de consultar. Para colmo tiene 34 años de publicada y sólo en algunas bibliotecas se puede consultar deteriorado ejemplar de Jus. Inicialmente, esta cronología se concibió para apoyar la consulta del Archivo Capitular de la Catedral de México, y como anexo para la guía de ese archivo que hicimos bajo la dirección del doctor Óscar Mazín y que se publica bajo el sello del Colegio de Michoacán y el Centro de Estudios de Historia de México Condumex.

Surgió la necesidad de contar con una formación más completa acerca de los arzobispos que gobernaron la Iglesia mexicana. Por eso nos dimos a la tarea de rehacerlas. Para ello construimos sobre la base que nos ofrecía Bravo Ugarte. Estos datos fueron compulsados principalmente con los libros de Actas de cabildo del archivo capitular antes mencionado. También nos servimos del estudio de Francisco Sosa titulado El Episcopado mexicano (que tiene más de un siglo de existencia);2 del “Episcopologio” de Mateo Gómez Tort,3 y otras obras más que hemos descrito en las notas a pie de página. Por nuestro lado hemos completado esta cronología con datos adicionales y comentarios a pie de página, obtenidos también de las Actas de cabildo. Como no pretende ser un prontuario biográfico, no hemos incluido los datos como podrían ser las fechas de nacimiento. Esta cronología se confeccionó con una serie de conceptos que habitualmente se manejan para indicar los procesos legales y canónicos, así como otros hechos por los cuales transitaron y transitan los jerarcas de la iglesia mexicana. Y son a saber:

Presentado. Se refiere a la manifestación pública del rey en favor de la persona que su Consejo y voluntad han elegido para el cargo (en virtud del Regio Patronato Indiano), por ello, el término elección puede tenerse como sinónimo. Una vez presentado o electo se expedían cédulas reales para legalizar dicha elección.

Trasladado. Es el término usado para indicar que el arzobispo electo ocupaba otra diócesis, y la voz Promovido para indicar que iba a ocupar otra cátedra después de haber ejercido el arzobispado de México.

Confirmado. El rey hacía llegar al Papa su decisión y éste confirmaba la elección, la cual se daba a conocer casi inmediatamente, para después expedir las bulas correspondientes.

Bulas. Son los documentos pontificios por los que se nombra obispo al destinatario. En tanto éstas no fueron expedidas o no fueron recibidas por el destinatario se considera a este sólo como “arzobispo electo”.

Consagración. Es el rito por el cual la Iglesia hace obispo a la persona electa, y requiere de las bulas para efectuarse.

El palio es la insignia propia de los arzobispos y que otorga el Papa. Casi siempre se expedía junto con las bulas, pero a veces se retrasaba. La imposición del palio merecía una ceremonia aparte, cuyas fechas no siempre hemos tenido a la mano y en ocasiones solo nos referimos a la llegada de éste.

Durante los siglos XVI, XVII y gran parte del XVIII, los arzobispos pudieron nombrar a una o varias personas para que se presentaran ante el cabildo y tomaran Posesión por poder en su nombre, aunque casi siempre por periodos muy cortos de tiempo. Una vez que estaban en posibilidades de hacer esto último, se presentaban en persona ante el cabildo y tomaban posesión del gobierno de la arquidiócesis. A veces se hace la distinción entre la simple posesión y la posesión canónica o posesión con bulas, cuya celebración cobró importancia hacia el siglo XIX.

La mayor parte de las veces, el poder de los arzobispos cesaba con la muerte, por lo cual el cabildo declaraba la sede vacante y asumía el gobierno de la arquidiócesis. Hubo otras ocasiones en que los arzobispos debieron salir de México por diversas razones. Estos datos también se consignan, ya que, de que acuerdo con el motivo de su partida, podían ocurrir dos cosas: o cesaban sus funciones y el cabildo declaraba la sede vacante, o bien se continuaba con un gobierno delegado casi siempre en manos del cabildo. En la actualidad, los arzobispos y obispos deben renunciar al gobierno al llegar a cierta edad, llamándoseles dimisionarios o eméritos.

También existen casos en los que los arzobispos electos, al no aceptar el nombramiento, sólo ejercían el gobierno del arquidiócesis.

Electo. Después de la Independencia operaron algunos procedimientos por los que eran electos por el presidente de la república, los obispos y arzobispos, a partir de una terna que presentaba el cabildo. Otra manera de designar arzobispos al dejar de operar el Regio Patronato Indiano, fue la elección o preconización en Consistorio Secreto, que es la reunión del Papa y los cardenales, modo que operó hasta el Concilio Vaticano II. Después, ha sido prerrogativa del papa la elección de los obispos y los arzobispos, quien se apoya en opiniones de ciertas autoridades civiles y eclesiásticas para fundar mejor su decisión, por lo que sea usado el término Designado.

Para entender otros términos empleados, habitualmente, en la literatura histórica, es preciso explicar una serie de conceptos que a continuación se mencionan:

Dentro de la jerarquía eclesiástica, el primer grado corresponde al Obispo, después del Papa, y “por la ordenación episcopal son constituidos sucesores de los Apóstoles”. Son diocesanos cuando se les encomienda el gobierno de una diócesis, y dice Teruel que “El protagonismo histórico desempeñado por el episcopado deriva más de las acciones jurisdiccionales de sus miembros que de su potestad sacramental”. El obispo sin diócesis real vinculado a una diócesis ficticia fue conocido como obispo in partibus, expresión que se añadía enseguida de su título. De éstos hubo en México algunos en el siglo XIX. Esta forma fue suprimida en 1882 y ahora se les llama obispos titulares. Por razón de su edad o enfermedad los obispos deben o pueden renunciar convirtiéndose en divisionarios o eméritos.

Un obispo coadjutor es aquel que ayuda a un obispo diocesano en su labor pastoral y puede gozar de ciertas facultades especiales y puede tener derecho a sucesión. El obispo auxiliar también ayuda al obispo diocesano sin los privilegios del coadjutor y es más bien un apoyo a la persona que a la diócesis.

El arzobispo es el obispo que rige una arquidiócesis y una provincia eclesiástica formada por diócesis sufragáneas, lo que lo convierte en un arzobispo metropolitano. El de Sevilla fue el primer arzobispo metropolitano que rigió las diócesis americanas, y en 1546 se erigieron tres arzobispados metropolitanos, entre ellos el de México, que tuvo como diócesis sufragáneas las de Puebla, Yucatán, Nicaragua, Guatemala, Oaxaca, Michoacán, Chiapas, Guadalajara, Verapaz y Manila.

El término primado se refiere a una distinción honorífica que otorga el Papa al obispo por pertenecer a la diócesis “más antigua o de mayor relevancia histórica”, a la que también se le titula primada. En el caso de México se dio este nombramiento al arzobispo de México por su importancia histórica, aunque la diócesis más antigua fuera la de Tlaxcala.4

Recientemente, algunos arzobispos de la Iglesia mexicana han sido elevados a la categoría de Cardenal, cuya misión es colaborar con el Papa en los asuntos más importantes y formar parte del Colegio Cardenalicio, cuyo derecho exclusivo es el de elegir Papa cuando está vacante la Sede Romana.5 Sirvan estas líneas para comprender mejor los textos de la historia y fuentes eclesiásticas y las que siguen ayuden a precisar la información cronológica del gobierno de los arzobispos de México.

1José Bravo Ugarte, Diócesis y obispos de la Iglesia mexicana (1519-1965), México, Jus, 123 p.
2Francisco Sosa, El episcopado Mexicano. Galería ilustrada de los Ilmos. Señores arzobispos de México, México, Hesiquio Iriarte y Santiago Hernández editores, 1877, 252 p.
3Mateo Gómez Tort, “Episcopologio”, Gaceta, vol. XXII, núms. 9-10, septiembre-octubre de 1982.
4La explicación de los término y los entrecomillados fueron tomados de Manuel Teruel Gregorio de Tejada, Vocabulario básico de la historia de la Iglesia, Barcelona, Crítica, 1993, 483 p. Otros datos son de José Gutiérrez Casillas, Historia de la Iglesia en México, 3 ed., México, Porrúa, 1993, 657p.
5Teruel, op. Cit., y Aquilino de Pedro, Diccionario de términos religiosos y afines, Navarra-Madrid, Verbo Divino-Paulinas, 1990, 309 p.